¿Realmente por qué fumo? El tabaquismo

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Tenía entre 13 y 14 años de edad, era el más joven del grupo, el que menos, me sacaba año y medio, así que copié a los mayores y empecé a fumar.

Al principio, durante unos meses no me tragaba el humo, como suele decirse en el argot tabaquero. Digamos que lo tragaba como si fuera comida, hasta que un compañero de colegio, me dijo:

– Tú no sabes fumar. Mira, se hace así. – y con su cigarro respiró el humo, inhalándolo hacia los pulmones en una calada profunda y rápida, dejando la boca abierta para que lo viera y reteniendo el aire antes de soltármelo de sopetón en plena cara.

Durante las tardes siguientes a solas, cerca de la feria de mi barrio, probé de hacer lo mismo que me había mostrado mi compañero de colegio, respirar el humo. Al poco de hacerlo comencé a marearme y a encontrarme mal. No me cuestioné si era bueno o malo hacer aquello, todos mis amigos o la mayoría lo hacían, así que seguí probando hasta que los mareos pasaron.

Desde aquella tarde, fueron bastantes los años que conviví con el tabaco, casi 15. Fue ya rondando los 30 años cuando en una etapa de mi vida en la que tenía una relativa paz, mucha confianza en mí mismo y una autoestima elevada, conseguí dejar de fumar.

Dejarlo fue más complicado que acostumbrarme a ello, durante un par de años me hacía promesas para dejarlo. Me ponía fechas, pero la ansiedad podía con mi voluntad y cedía ante el vicio. Un tiempo después, impedido a retirarlo de golpe mi vida, creé mi propia forma de dejarlo y funcionó. Más tarde pude ver que lo que yo había hecho para dejarlo, otros ya lo habían escrito como su método.

Pero, ¿qué es el tabaco?

“Oh Gran Espíritu, yo te agradezco  por los seis Poderes del universo…”

Es una planta originaria del continente americano. Los indígenas fumaban el tabaco valiéndose de una caña en forma de pipa llamada tobago, de donde deriva el nombre que se le ha dado a la planta. La solían usar en sus ceremonias y le atribuían propiedades medicinales.

Tenemos plantas como el tabaco o la marihuana, que se han usado en ceremonias y que han derivado en un mal uso, corrompiendo su función. Las plantas son un regalo, cumplen un propósito, tienen unas propiedades, pero se han de usar correctamente.

Fue Francisco Hernández de Toledo, quien llevó la semilla a España en el año 1510. Jean Nicot, unos años después introdujo el tabaco en Francia, por ello la planta recibe el nombre genérico de Nicotiana. En la corte de Inglaterra, Francis Drake hizo lo propio a finales del s.XVI. Desde ahí, se extendió rápidamente por Europa y Rusia, para más tarde llegar a Asia y a la costa Occidental de África.

Con el encendido de un cigarrillo se liberan numerosos componentes: alquitrán, cianuro, benceno, monóxido de carbono, óxido de nitrógeno y nicotina por nombrar solamente algunos.

La nicotina es una molécula muy parecida a la acetilcolina, uno de los principales neurotransmisores naturales. Desde que llega a los pulmones, tarda solo siete segundos en alcanzar el cerebro, y una vez allí estimula las áreas de recompensa, de forma parecida a como otras drogas hacen, por ello genera adicción. Además aumenta la frecuencia cardíaca, la tensión arterial y provoca resistencia a la insulina.

La combustión del tabaco crea monóxido de carbono, la cual además de tabaco incorpora la quema de otras muchas sustancias. La particularidad es que el monóxido de carbono se une con una fuerza extraordinaria a la hemoglobina, alterando la funcionalidad de nuestros glóbulos rojos.

El alquitrán es el tercer ingrediente del que las empresas tabacaleras deben informar y por alquitrán se conoce a todas las partículas que quedan en determinados filtros tras extraer la nicotina y el agua. Es esa masa oscura y pegadiza que se deposita en los pulmones, la que contiene gran parte de los carcinógenos.

No se suelen incluir en las regulaciones otras sustancias perjudiciales como pueden ser los aditivos y una lista innumerable de sustancias perjudiciales para la salud como son el Tolueno, los aldehídos, la acrilamida, los metales, el ppolonio-210.

Por hablar un poco de ellos, el Tolueno es un hidrocarburo que existe de forma natural en el petróleo y se usa como aditivo en la gasolina, pero en el cuerpo actúa como irritante y es tóxico para el sistema nervioso central. El acetaldehído se produce de forma natural durante la combustión del tabaco, pero aumenta con el añadido de azúcares, y contribuye a incrementar la adicción a la nicotina. La acrilamida es un compuesto orgánico tóxico para el sistema nervioso central y clasificado como probable carcinógeno.

Dentro de los metales que están incluidos en el tabaco podemos encontrar el arsénico, el cadmio, y el isopreno. El arsénico se ha relacionado con mayor riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares y neurotoxicidad. Es cancerígeno. El cadmio se ha relacionado con enfermedades pulmonares, cardiovasculares y renales. Es también cancerígeno. El Ppolonio-210 es un elemento radiactivo y es también cancerígeno.

Con el paso de los años, las tabacaleras fueron refinando su producto, añadiendo muchos más aditivos para “mejorar su sabor”. Estos aditivos suponen actualmente el 10% del contenido de un cigarrillo, y algunos de ellos no parecen tan inocuos. Entre ellos el amoniaco, añadido, en principio, para mejorar la consistencia y el sabor del tabaco. Sin embargo, también aumenta su pH, lo que en teoría posibilita que la nicotina se absorba en más cantidad y aumente su poder de adicción. Los tabacos más light aumentan las proporciones de amoniaco para mantener la efectividad de la nicotina. Los azúcares, edulcorantes y mentol, atraen el consumo de los jóvenes y de las mujeres, al mejorar el sabor, pero los azúcares, al quemarse con el tabaco, producen acetaldehído que a dosis suficientes puede aumentar la adicción provocada por la nicotina.

Puedes encontrar derivados de la lactona, que entorpecen el metabolismo de la nicotina y aumentan su tiempo de acción y derivados del regaliz y del cacao, además de broncodilatadores que pueden aumentar la absorción en los pulmones e incluso sustancias como el propilenglicol, que demostraron alterar el patrón de respuesta del cerebro al tabaco, favoreciendo su disfrute.

Considerado lo que compone un cigarrillo.

¿Qué es el tabaquismo?
El acto de fumar que consiste en inhalar y exhalar los humos producidos en la combustión del tabaco, conduce a una intoxicación crónica denominada tabaquismo. Esta es una enfermedad causada por la adicción a la nicotina y la exposición permanente a todas las sustancias, muchas de ellas tóxicas y cancerígenas que tiene el tabaco. Es la primera causa de muerte prevenible en los países desarrollados.

Estadísticamente, aproximadamente el 85% de los tumores de pulmón se deben al tabaco. Consumirlo aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer de boca, laringe y esófago, incluso de otros órganos aparentemente alejados del humo, como son estómago, hígado, vejiga, mama o colon. También provoca patologías cardiovasculares como anginas, infartos de miocardio y cerebrales al promover la arterosclerosis, la diabetes y subir la tensión arterial.

Su consumo produce riego sanguíneo deficiente a las piernas y problemas con las erecciones debido a la disminución del flujo sanguíneo al pene. Podemos observar que las heridas cicatrizan de forma deficiente, sobre todo después de cirugías. También aumenta las alteraciones pulmonares al facilitar las infecciones, empeora el asma e irrita y destruye los alveolos, lo que acaba dando lugar a una insuficiencia respiratoria que se conoce como enfisema. Puede producir bronquitis crónica o un asma difícil de controlar. Disminuye la capacidad para saborear y oler. Produce daño a los espermatozoides, lo cual contribuye a la esterilidad. Favorece la pérdida de la vista debido a un aumento del riesgo de degeneración macular. Puedes encontrar enfermedades de los dientes y las encías procedentes del consumo del tabaco. Las arrugas de la piel también son para considerar.

Si fumar es la principal causa de muerte evitable en el planeta. ¿Qué nos impide dejarlo de una forma sencilla?

No solo es la adición a la nicotina lo que hace difícil y cuestionable el abandono del hábito de fumar. Hay más detalles que van asociados al hábito de fumar y que nos pueden pasar desapercibidos, siendo estos los primeros que yo trataría antes de aconsejar a alguien que intente dejar de fumar.

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Os voy a poner un ejemplo, lleváis todo el día trabajando a la carrera, o con prisas o con muchas cosas que hacer una tras otra, apenas si encontráis un hueco para vosotros, y llega un momento en el que queréis parar, no podéis más. Ir al servicio es la primera excusa para prestaros atención y dejar de trabajar, otra, para los fumadores es fumarse un cigarro.

Poneros en situación, estáis atacados y un tanto estresados, y paráis de golpe vuestra actividad, encendéis un cigarro y aspiráis profundamente, una calada, luego otra igual de profunda, y os destensáis, os sentís bien. ¿Por qué? ¿Gracias al tabaco? La respuesta es no, al menos no del todo. El tabaco no calmó vuestra ansiedad y vuestro estado, fueron las respiraciones profundas y el desconectar mentalmente de vuestro trabajo por unos instantes. La realidad es que gracias a esa pausa en nuestro trabajo, lo que inconscientemente guardamos como aprendizaje es que cuando fumo me siento mejor o el tabaco me hace sentir bien. Como este hay muchos otros ejemplos en el que una emoción como la ansiedad, es asociada al tabaco. Es decir el tabaco me calma la ansiedad y la tensión. Esto no es correcto, es tu interrupción mental de lo que hacías y tu cambio en tu forma de respirar lo que inhibe la ansiedad y la tensión durante los momentos que eres ajeno a tus pensamientos anteriores y estas a lo que estas, fumando, presente en ese acto.

Para muchas personas esta es la adición real, creen que el tabaco les calma la ansiedad. Si os dais cuenta, la ansiedad es una emoción y como otras muchas emociones, van encadenadas, siendo unas fuente de otras. De este modo, la ansiedad está asociada a muchas cadenas emocionales, las cuales se producen por diferentes estímulos, pero todas ellas pueden tener en común que cuando el fumador siente ansiedad, se pide a si mismo fumar para no sentirla, pues ha aprendido de forma inconsciente que el tabaco le hace no sentir ansiedad. Veíamos en los aditivos al tolueno, que irritaba el sistema nervioso y como bien sabéis, asociada a la emoción de la irritación está la ansiedad.

En traumas por perdida de seres queridos, desamor, etc, surge la ansiedad y personas que en su día habían dejado de fumar, vuelven a recaer. Así también, personas que fuman poco, fuman más.

Pero ¿qué emoción produce la ausencia de nicotina en el cuerpo? El sabido “mono” es ansiedad, el déficit de nicotina produce ansiedad, automáticamente fumas para dar nicotina al cuerpo y calmar la ansiedad, lo cual refuerza el aprendizaje del subconsciente de que el tabaco me calma la ansiedad, cosa que en este caso si es cierta pues provees al cuerpo de la sustancia que necesita, nicotina.

Así pues tenemos una necesidad real de nicotina producida por el hábito de fumar que nos conduce a creernos que el tabaco calma la ansiedad, y tenemos múltiples experiencias en nuestra vida que nos hacen sentir ansiedad y que podemos asociar a tener deseo o ganas de fumar.

¿Creéis que la ansiedad no derivada de la nicotina la calmara también con el tabaco? La respuesta es no, pero psicológicamente fumaras más creyendo que el tabaco te calmará de esa ansiedad. Esto producirá que tu nivel de nicotina aumente y a la postre tu necesidad de nicotina y por ende tu ansiedad sea mayor.

La ansiedad lleva asociada la tensión, y esta provee al sistema nervioso de unos estímulos, si tú aprendes a gestionar tu ansiedad sin el tabaco, te será más fácil dejar de fumar aunque tuvieses dependencia de la nicotina.

Por mi parte, inconsciente de todo esto que os cuento, tuve suerte, deje de fumar en un momento ideal de mi vida, me sentía bien. Otras personas de mi entorno fuman y nunca les aconsejo que dejen de fumar cuando están o han sufrido recientemente un trauma, y han asociado más fuertemente el hecho de fumar a la liberación de una emoción. No se lo aconsejo porque en esos momentos además de defender el tabaco, para ellas, éste es una ayuda y están ligadas a él. Ante esta atadura emocional, que es reforzada por la asociación al hecho de fumar, el cigarro sería siempre más fuerte que su voluntad. Fracasarían al intentar dejarlo, siendo a la postre peor, pues pueden caer en la impotencia y la frustración. Pueden creer que no nunca podrán dejarlo, convirtiéndose por ello en fumadores crónicos. Más adelante, las puedo decir como dejarlo, cuando veo que en sus vidas tienen un momento tranquilo y han olvidado los traumas que producían tensión, las recuerdo que pueden dejar de fumar por si quieren intentarlo, pero está en ellas el decidir hacerlo.

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Así pues tenemos varios factores que llevan a un fumador a ser adicto al tabaco, una la fuente adictiva que produce la nicotina, otra los derivados incluidos en el tabaco para que sea este más adictivo y otro la conducta psicoemocional de la persona. Trabajar la psico afectividad de la persona y la ansiedad ayuda a disminuir paulatinamente el consumo de tabaco, el menor consumo de tabaco, produce un menor índice de nicotina en el cuerpo, la menor necesidad de nicotina hace que la ansiedad no surja o pueda ser asimilada, sentida, aceptada y habituarse a gestionarla sin tabaco. En poco tiempo cuando la ansiedad es gestionada sin tabaco se deja de fumar.

Los cuerpos sutiles del ser humano, desde el físico a todos los demás que conforman su aura, tienden al equilibrio, y a limpiar todo aquello que perturba la vida de la persona, es decir la ayudan a estar sana. Si os dais cuenta el cuerpo físico tiende a cicatrizar las heridas y reponer la piel, y todos sus órganos tienden a mantener un equilibrio saludable en sus relaciones para tener más salud. Cuando fumas tus cuerpos trabajan en la limpieza del tabaco y su energía de tu organismo, y lo consiguen. Pero cuando las dosis de tabaco son mayores y continuas, tus cuerpos no consiguen limpiar todo lo que introduces en tus campos energéticos, creas una “deformación”. Además cuando asocias el tabaco a emociones de duelo o pérdida o culpa, tu aura encuentra más difícil el poderse limpiar o liberar de la densidad acumulada por tu consumo de tabaco, ya que con emociones de culpa, tendemos a retener estas emociones en hábitos de autocastigo, y de este modo retenemos con ellas de algún modo la energía llamada tabaco.

Cuando tienes traumas en los que además de sufrir la ansiedad y asociar esta al tabaco, entras en cadenas de culpa y te auto agredes de forma consciente o inconsciente fumando, es cuando de verdad pones en riesgo tu vida pudiendo llegar a provocar cáncer y demás enfermedades en tu organismo.

Muchos me dicen, mi abuelo fumó toda la vida y no le pasó nada, a mí, me resulta comprensible, la psicología de su abuelo no entraba en culpa, ni en victicismo dañino. Siendo auto agresores de sí mismos, su fumar era más sano psicológicamente hablando, y sus cuerpos sutiles, su aura, podía eliminar y limpiar, liberando más proporción del tabaco consumido. No quiere esto decir que se limpiara totalmente, ni que su cuerpo físico no estuviera afectado por el hábito de fumar, pero si, que el tabaco no le ocasionaría una muerte por estar libre de una emoción que quisiera retener y de la que no se quisiera liberarse, emociones derivadas de la culpa.

Ahora para finalizar os dejo unas cuantas preguntas para que cada cual las de respuesta o acalle su conciencia según sepa o quiera.

¿Mi cuerpo se puede recuperar después de haber dejado el hábito de fumar?

¿Qué intención puede tener una persona en que otra fume más añadiendo productos adictivos al tabaco?

¿Cuándo puedo dejar de fumar? ¿Cuándo quiero dejar de fumar?

Miguel Ángel Miguel Andrés

Alma y Luz Revista

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