Sin Mi No Soy Nada

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Hay un punto en nuestra andadura, en el camino del aprendizaje y de la vida, que dejamos que lo externo afecte a nuestro interior, a nuestro mundo interno, a aquel mundo que solo nosotros tenemos la llave y que solo nosotros podemos disponer de él. O por lo menos, solo nosotros podemos dar permiso a otra persona para que entre en el universo que somos.

Dejar que nos afecte lo externo hasta el punto de llevarnos al desequilibrio, es como dejarnos caer conscientemente en la corriente del agua sin saber a dónde iremos, ni a dónde nos llevará.

¿Por qué sucede esto?

Porque en algún momento perdimos nuestro centro, nuestra fuerza. Dejándolo en manos externas, de la corriente, no atendiendo a nuestra responsabilidad, a nuestras necesidades, dejando a la deriva en manos de otras personas el rumbo de nuestro propio criterio, nuestros sentimientos y nuestra forma de ver la vida y de vivirla.

Es esa inseguridad de no creer en nosotros mismos, de no saber vernos con nuestros ojos, de aceptar vernos en los ojos de los demás y desear a ratos no ser rechazados. Inseguridad que conlleva que los demás elijan por nosotros o que les consultemos todo por no tener nada claro. Esa falta de fe en nosotros mismos, ese abandono de nuestra voluntad creadora, porque quizás en algún momento de nuestra vida, nos autocriticamos tanto que perdimos valor a nuestros ojos y tratamos de buscar en los demás ese valor perdido, siendo para ellos, es lo que no nos permite ser nosotros mismos.
Es esa pérdida de valor, esa ausencia de confianza en nuestra propia capacidad de responder de forma adecuada a los estímulos de la vida, nos lleva a reducirnos, a empequeñecernos, a sentirnos inseguros y a buscar un refugio ajeno a nosotros mismos en el exterior, en lugar de hallarlo en nuestro interior.

Quizás sea por esa inseguridad, por no creer en nosotros, por no sentirnos fuera de nuestro entorno, por bajar la guardia, por el tremendo miedo al fracaso o a poder ser nosotros mismos. Quizás…

Pero aún estamos a tiempo, la vida siempre da una segunda oportunidad, lo importante es darnos cuenta a tiempo, aceptarlo y trabajar en aquello por lo que cedimos la voluntad sobre nuestra parte interna.

Lo importante de ello, es sacar el aprendizaje correcto y seguir adelante en esta linda corriente de vida, de amor y de luz.

Nosotros somos el timón de nuestro barco, ¿cómo soltarse de uno mismo?

Nosotros tenemos la llave de nuestro mundo y de nuestro corazón.

Marta Aguilar Rosiña
Psicoterapeuta y Guía Espiritual

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