Algo Sobre El Perdón

Carmen

TESTIMONIOS

Quise hablar sobre el Amor, pero realmente se ha hablado tanto del Amor y todo es cierto, lo que se habla y lo que no se puede expresar y entonces me dije que podía hablar de la alegría, pero también me resultó que no era eso de lo que quería hablar, en las dos tengo poca experiencia, las conozco desde hace poco. Soy una frustrada y muchas cosas más, de eso sí que puedo hablar, me conozco muy bien.

Nací en el seno de una familia muy humilde y crecí con déficit de atención, de alimentación y sobre todo de amor. Sobreviví como pude y crecí y tomé control sobre mi vida y fui feliz un tiempo hasta que la falta de amor que sentía por mí me hizo volver a perder el control. Culpé a otros por no amarme como yo los amaba. Pero la realidad es que me veía tan poca cosa que no me extrañaba que me trataran mal o no me amaran. Siempre mantuve un diálogo interior poco respetuoso hacía mí, palabras como:” eres tonta”, “te lo mereces” eran las más suaves y mi autoestima se caía cada vez más. Sufrí pérdidas familiares y perdí todos los pilares y me hundí un poquito más, cada vez.

El Amor era lo único que ansiaba tener, nunca fui ambiciosa, el éxito me resultaba fácil de obtener en aquello en lo que ponía intención. Sufrí pérdida amorosa y casi muero de pena y entonces tuve que enfrentarme al dolor de mi niña interior, y al perdón de los mayores, sin saber que cuando uno no perdona es así mismo a quién no es capaz de perdonar. Busqué mil formas de comprender como tanto dolor se podía olvidar, leí a Kuan Ying, escuché el mantra del perdón, fui a ceremonias de ayahuasca, pero el perdón es como una planta a la que hay que regar con amor y abonar, arrancando al mismo tiempo la maleza que la rodea y eso requiere de paciencia, de mucha paciencia. La paciencia es la virtud más importante detrás de ella vienen todas las demás y a mí, me hacía falta adquirirla y me costó mucho.

Entonces apareció en mi vida alguien que hablaba del ser interior, del alma, del amor incondicional, de palabras nuevas que yo no sabía que significaban pero me removían, y al mismo tiempo dentro de mi nacía un amor diferente, un amor que buscaba ser conmigo, un amor de almas, de vibración, un amor que no había vivido pero que era reconocido en mi interior. Y de nuevo viví la pérdida, pero en esta separación había la profundidad de lo eterno… la certeza de lo que es imperecedero y me sentí eterna en ese sentimiento. Y ese amor me hizo mejor, me hizo verme, no digo que fuera fácil, pero comencé a sentirme y aunque inicialmente enfermé, como algo vivo resurgí de nuevo y aprendí a amar sin intención, ni apegos y a sentir ese amor. A alimentarme de él. Me mentí muchas veces porque tenía por encima de todo el deseo de tenerle, era mi amor y al ver que no era correspondida de la misma manera, me volvía a caer, quise huir y no volver a amar y me alejé de la persona amada.

Cuando menos creí conocí a alguien afín que me hizo ver cuáles eran las partes de mí que tenía que trabajar y las trabajé y me vencí, me rendí al amor, al mío. Nací a la paz interior, al amor incondicional, a mí misma y pude amar sin intención, sin deseo explicito, sino como anhelo, y en libertad y me gustó vivirme en una relación sin tiempo, sin espacio, sin futuro, sin nada pero con alegría. Y entendí que el deseo es el barro dónde crece el loto que es el amor.
Y ya estoy hablando de amor, ¿dónde no hay amor?, el perdón es sentir amor incondicional por uno mismo, amarte hasta tal punto de no quererte hacer más daño, es tener compasión por ti mismo y con los demás. Adquirí comprensión del perdón cuando por amor me perdoné por haberme culpado y entonces nació en mí, la alegría. Así de lo que no quise hablar es en realidad de lo que termino hablando… el amor y la alegría que en esencia están en nosotros, los perdemos ante la falta de amor en nosotros…y los recuperamos cuando damos comprensión a ese dolor.

Quiero agradecer a mí ser interior por mostrarme ese amor, por ser capaz de asumir mi responsabilidad ante mi propio juicio, por hacerme comprender de dónde procede el dolor y así comprenderlo y abrazarlo y a quienes me han acompañado hasta aquí, y me han mostrado mi dolor, no necesito que me amen, aunque agradezco ser amada. Agradezco el sentirme tan feliz por todo. La risa que nace cada día en mi pecho, la alegría de poder comenzar de nuevo, la fuerza interior de trabajar en ello, agradezco sentir la llama que arde en mi plexo solar en amor. Mi fuente. Doy gracias al universo por hacerme encontrar con los seres que me ayudaron a verme y a sanar esa parte en mí, agradezco la oportunidad de dejarme expresar, en esta publicación, el agradecimiento a la vida… gracias vida por permitirme vivirme.

Carmen Aira. (Carmen de Foz)

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