El Cole de San Pietro (2ª Parte)

Cuento1

– Verás Raúl, estábamos en la clase de religión y el padre quiere hacerme pensar que su religión es la buena, quiere que crea a pies puntillas en conceptos que no puedo demostrar, que no puedo desarrollar mentalmente. Me resulta difícil Raúl, lo intento, pero no puedo. – Comienza a decir Pablo.

– Me quiere hacer creer sin ninguna prueba que su idea de Dios está por encima de cualquier duda o pensamiento y que he de creer en él porque es la única Verdad, esto es resumidamente la explicación de hoy, y no, no puedo hacer lo que me pide.

– ¿Por qué? – dice Raúl

– Dejaría de ser libre, de pensar libremente, tendría mi pensamiento condicionado y mi criterio estaría condicionado por mis creencias. Es como cuando juego al ajedrez con papá, si muevo intentando reaccionar a sus movimientos mi juego se condiciona a su juego y no realizo mi propia partida. Además su punto de vista es una realidad que requiere de una Fe, creer en ideas que no puedo demostrar, y seguirlas como solución a muchos problemas. Lo cual me hace perderme en las ideas, dejar de ser yo, convertirme en lo que pienso, y poner mi responsabilidad en manos de una utopía que no puedo demostrar esperando que por algún modo una mano invisible interactúe y me resuelva la papeleta. Y esto tampoco lo puedo aceptar pues me sentiría vulnerable, inseguro, no controlaría la situación y la misma creencia salvadora me crearía miedos que no puedo controlar al buscar una respuesta fuera de mí, en lugar de provocar yo la solución. – Espetó en un momento Pablo a Raúl. Había soltado todo de golpe, lo había explicado, dudaba de si le entenderían, pero le atenazaba la presión, el admiraba al padre, explico todo lentamente y calmado, sosegado, como quien estudia lo que dice mientras habla.

cuento2

Raúl, no sabía que contestar, no había entendido todas las palabras que había dicho Pablo, pero el de por sí, si creía en Dios. Le habían enseñado a rezar desde pequeño y nunca se cuestionó que no hubiera Dios o no creer en Él. Estaba alarmado porque o no entendía todo lo que le decía Pablo o quería rechazar parte de lo expuesto. De algún modo, entendía que tenía que cuestionarse sus creencias, y de no hacerlo podía ser una marioneta en manos de otro o no podría pensar libremente como su amigo Pablo ¿pero que sería eso de pensar libremente? Otra vez le había liado el listo de Pablo, en qué hora se quedó allí sentado, no se le ocurría que decir y todos le miraban.

Nadie hablaba, era increíble, todos estaba asombrados, estaba cuestionando las palabras del padre Lucas. El viejo monje era para muchos la ley en el colegio, respetado por todos, sabio, atento, conciliador, amado por muchos de sus padres, y que les había bautizado a la mayoría, todos confiaban en él. Y ahora Pablo le cuestionaba y con ello, todo aquello que él representaba. Muchos no sabían que hacer, sentían violencia en sus corazones, intranquilidad, de algún modo querían defender al viejo padre, y hacer piña con él aunque no estuviera presente pues representaba aquello en lo que creían. La mayoría de ellos rezaban varias veces al día.
Raúl optó por copiar a su padre, cuando hace de mediador en conflictos de familia.

– ¿Y cómo lo estas resolviendo Pablo? Llevas largo rato callado, a algún sitio habrás llegado en este tiempo.

– Sí. – Dijo Pablo, y continuó en silencio durante unos instantes antes de continuar, como si tratara de elegir las palabras que iba a pronunciar.

– ¿Qué dice? – Preguntaban los de más atrás.

– Que Dios es una idea del padre Lucas, que no puede creer en lo que no puede demostrar porque dejaría de ser libre. – respondían unos
– Que le cuesta creer en Dios. – decían otros.

– Que no quiere hacer caso al padre. – decían otros.

– No lo sé, no le entiendo. – decían otros, mientras otros callaban sin saber opinar.

– Mira. – empezó a decir Pablo.- He leído muchos libros desde pequeño y he leído de muchas culturas, muchos pueblos y cada cultura tenía su religión y sus creencias y todos creían en su Dios por encima de los Dioses de los demás, defendiendo sus credos salvajemente y llegando a la guerra por defender su fe. Yo no veo la religión como la ve el padre Lucas, yo no siento en mi sus palabras como ciertas, pero no niego la existencia de una potencia superior creadora de las cosas. Solo es que si miro hacia atrás y razono sobre todo lo que leí puedo exponer que las creencias del padre Lucas son una religión más de las muchas que ha habido y habrá. Si miro desde afuera la religión del padre, puedo razonarla y tener criterio, ahora si me implico emocionalmente y le doy mi amor a su idea, entonces no puedo tener un criterio libre sin afectarme a mí con mi pensar y sentirme mal. Yo veo las religiones de otra manera, las veo como una bicicleta, una herramienta para llegar a conocer a un Dios común, un Dios de todas las religiones y no solo de una, un dios al que conceptúan entre todas, para que sepamos más de él. Yo veo los libros de las religiones, las creencias que inducen como ríos, cada cultura me cuenta en sus libros como es su rio, donde nace, como crece, que riega y hace florecer, su caudal, sus recodos, sus afluentes, y como llega al mar. Unos me hablan de un rio Nilo, otros de un Misisipi, otros de un rio Ebro, otros de un rio Sena, como si me dijeran un rio cristiano, un rio musulmán, un rio evangelista, un rio hinduista, y cada rio acabara haciéndome llegar a un mar común, un dios genérico y común a todos en el que creemos todos pero le vemos desde diferentes ríos en función de cómo es nuestro navegar en ese rio. Considero que tratamos de amar diferentes ideas del mismo Dios y que todos están en lo cierto al conducir a las personas por esos ríos, pudiendo tener mejores o peores embarcaciones, pero no por ello, estoy obligado a ir en rio hasta el mar, puedo ir caminando, creando mi camino por la tierra para llegar a un playa y descubrir el mar por mí mismo. Imitando el discurrir de muchos de esos ríos, caminando cerca de ellos y probando sus aguas, para luego saborear el agua del mar por mí mismo. Por ello quiero seguir siendo libre, para llegar a tener mi idea de Dios y entregarme al amor de mi idea en base a mi Verdad, demostrada en mi por mí mismo, sin necesidad de dejar de ser yo, siguiendo un rio, sin la embarcación adecuada.

Todo quedó en silencio, nadie se atrevía a decir nada, el murmullo de las hojas al ser removidas por el viento parecía atronar en los oídos de los niños y niñas allí sentados.

Las niñas pequeñas habían cogido sus muñecas pues no entendían nada. Las mayores pensaban ya en otras cosas y no habían seguido toda la conversación, no las interesaba, los chicos más cercanos a Pablo guardaban silencio y aun le prestaban atención, pues se había vuelto a quedar en silencio.

Pasaban unos instantes, cuando súbitamente los pájaros se espantaron y salieron volando. El timbre que daba fin al recreo sonó violentamente, recordándoles a todos donde tenían que ir.

Pero allí estaban, esperando por ese chico que les incomodaba con su forma de pensar, de algún modo querían poner un final a esta historia, cuando aún no llegaban a ver que el final era propiedad suya, que eran ellos los que libremente debían pensar por sí mismos y saber expresar sus ideas libre de cualquier temor o creencia.

Pablo, se levantó, y con él varios más, dando fin a la charla, se encaminaron a las clases. Desde una ventana cercana el viejo monje había sido testigo mudo de la conversación de los críos, y reflexivamente se quedó sentado en la silla, mientras valoraba como potenciar más la mente de aquel alumno para que brillase entre muchos. Solo tenía 10 años y la solidez de su pensar le había hecho llegar hasta la niñez y plantearse como empezó a tener fe, para luego considerar que no somos poseedores de la verdad. En unos pocos minutos, el niño le había hecho ser más mayor, pero en lugar de luchar con el criterio propio del niño y apagarlo, buscaría la forma de exponeciarlo para que una mente tan brillante no se perdiera y pudiera ser un exponente más con el que contar en beneficio de toda la humanidad. Encontraría la forma de estimularle más para que llegara más allá de sus propios límites, le gustaba ese chico, era sencillamente brillante, y aun tenía mucha vida para aprender otras muchas cosas y ver la religión desde otros ángulos que ahora no contemplaba. Se levantó pausado y se encamino a la clase de ética con un inconfundible paso, un caminar sencillo, noble, fruto de la edad y del tiempo, la clase de ética era para aquellos que no querían estar en su clase religión, sin embargo Pablo, estaba en religión y no en ética, curioso, se decía a si mismo mientras se mesaba la barba camino del aula.

Miguel Angel Miguel

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