España

sociedad

Recuerdo hace tres o cuatro años, cuando fui a pasar unos días al pueblo y allí mi tío, jubilado, me pidió que le leyera las cartas que le habían llegado. Recuerdo aquel día por la ironía de lo que vi, había una carta en especial, en dicha notificación, le comunicaban que le subían la pensión y dicha cuantía ascendía a 1 euro. Cosa que le dije y a continuación le dije también, “no lo entiendo, si solo la notificación que te mandan ya puede llegar a costar eso”, me quedé mirando la carta que le habían enviado. Una carta enviada por correo en un papel de calidad, no reciclado, con impresión a color y su sobre impreso. No se por cuánto le salen al Estado sus envíos por correos, pero esta notificación equivaldría posiblemente al 50% de su subida de ese mes, contando envio, papel e impresión.

Era un tanto sarcástico, contemplaba el dinero que se pierde en puros formalismos, y me direis ¿por qué os cuento esto? hace unos días, mientras navegaba por las publicaciones de una red social, me detuve en una lectura. Era una reivindicación de una persona que ponía el grito en el cielo. En dicho escrito decía más o menos, que ella, solicitaba no recibir en su casa las papeletas electorales, pues él envió de estas papeletas suponía una cantidad de 0,22€ por persona con derecho a voto y ella prefería, que si había que gastar esa cantidad de dinero se utilizase en otro tipo de servicios a la comunidad, servicios de carácter social o relacionados con todas aquellas personas que están pasando apreturas económicas, o bien tienen dificultades para dar de comer a sus hijos. Así también pedía que muchos más se sumaran a esa iniciativa, con la que se ahorrarían unos 7 millones de euros, y lo justificaba diciendo que ¿para qué recibir las papeletas si las puedes coger el mismo día de la votación in situ?

Estamos en España un país que no ha conseguido formar gobierno después de las elecciones del 20-D, un país que está a la espera de unas nuevas votaciones, donde un elenco de personajes nos promete hacer maravillas sociales. Esto me hace divagar en mis recuerdos, caminando por las calles de un barrio de Madrid donde hace tres legislaturas, me encontré con José, un empresario jubilado y padre de un hijo con síndrome de Down. Charlamos un poco y al faltar poco para las elecciones nacionales de aquel entonces, le hice la típica pregunta sonriendo ¿a quién vas a votar? Suelo en estos casos recibir evasivas o una respuesta pasional, un rechazo a los “otros”, pues yo soy de este partido, justificando su fidelidad a un bando. Pero su respuesta me sorprendió, me contestó, “he leído los programas electorales y los realicen o no, el que menos me quita de la pensión en impuestos es éste, así que le votaré”. Me sorprendí por lo cerebral de su decisión. Incluso había leído los programas electorales de todos los candidatos, cosa que no todo el mundo hace. Otros, son más pasionales y siguen pegándose por sus credos políticos a la hora de responderme. Por la realidad de los hechos, sé que la política no me da de comer, cuando no puedo llenar la nevera, no puedo ir al congresista a llamar a su puerta, creo que es más bien al revés, a ratos la política impide la correcta circulación de la moneda para que se dé una seguridad económica y el congresista viene a mi puerta a pedir mi voto.

Divago en mis recuerdos, recuerdo mis tiempos de voluntariado, cuando ayudábamos a una mujer anciana, viuda, que estaba llena de dolor por su enfermedad y era dependiente de compañía para ir al médico. Mujer que aun teniendo casa propia, no podia mantenerla, su pensión de viudedad era de tres cientos y pocos euros. Recuerdo que la anciana iba a caritas en busca de alimentos pues no tenía para cubrir los gastos, vivia sola. Una viuda que era responsable de la única familia que tenía, un sobrino ingresado en el psiquiátrico de Cienpozuelos. Cosa de la que se lamentaba por que no sabía quien iría a ver a su sobrino cuando ella no estuviese. Una forma de humanidad hacia un enfermo mental que no había visto en muchas personas, fuesen familia o no del enfermo.
Este divagar por mis recuerdos, me lleva a recordar a esas personas mayores que apenas encienden las luces de su casa y que en los meses fríos, apenas ponen la calefacción para no gastar por que la pensión no les llega para todo. Claro, una factura eléctrica que ha subido un 80% en los últimos 10 años, cosa que las pensiones no han podido hacer, es algo a tener en cuenta. Es terrible ver a una persona mayor, pensionista, no encender luces para no gastar electricidad, por pagar menos a fin de mes y poder ahorrar algo, un “algo” que le dé seguridad. Es irritante cuando te pide que le expliques su factura pues no entiende porque paga tanto y ves que apenas hay consumo, ves que realmente su gasto de electricidad es irrisorio. Pero la factura es enorme en función de los gastos fijos que conlleva tener luz en los hogares, así como el 21% de IVA, sobre el total, no sobre el consumo. ¿Irónico el beneficio de las eléctricas en la desgravación del IVA?

Medidas, medidas, unos restan de aquí, otros quitan de allá y al final ¿quién gana? Hace unos años se instauró de nuevo la cuota de basuras. Ahora el chollo está en la privatización del agua. ¿El agua?, sí señor, la mayoría de la gente adinerada lleva tiempo haciéndose con manantiales, embotelladoras, o acciones y bonos sobre este tipo de empresas, pues consideran que al ser un artículo de primera necesidad, puede repercutir en un beneficio tangible increíble a corto plazo. Recuerdo hace unos años, como en Madrid se incentivó la creación de Hospitales y como luego querían privatizar la seguridad social. Recuerdo aquella lucha, y como para justificar esa privatización, cerraron plantas enteras de hospitales nuevos, aumentando la lista de espera para recibir cuidados médicos y todo ¿por qué? ¿Para que la seguridad social tuviera mala imagen y poder privatizarla, o para poder pillar tajada de esa privatización, mas algún puesto de asesor en la junta de dirección de alguna empresa de renombre? Luego llegó el medicamentazo y los medicamentos genéricos en pos del ahorro.

Es irrisorio, vivimos en una sociedad que ha visto como se decrementaban las subidas salariales y como nacía una nueva palabra, el “mileurista” para catalogar a aquellas personas que cobran entre los 900€ y los 1100€. Personas que son consumidores y que su sueldo lo van a emplear en un 60-70% en consumo, un gasto sin rendimiento económico. Es decir, por ese gasto recibirán algo a cambio, pero no más dinero, y esto, ¿qué lleva implícito? De ese 70% de su nómina que gastan, un 21% más o menos es IVA. Si, de tus 1000€, es probable que generes un consumo de 700€, los cuales llevan grabado un 21% de IVA por sacar el billete de la cartera, por lo que el dinero real que cobras son los 300€ que no gastas, más los 553€ que son tus 700€ sin su 21% de IVA, osease 853€.

Hablamos del IVA, pero pagamos otros impuestos para sostener al gobierno español y todas las necesidades estatales. El IBI, todos los años, y por ello tienes que reservar un porcentaje de tu nómina o pensión para pagar este impuesto. Por no hablar que en algunas comunidades aun pagas el impuesto de sucesiones, por algo que es tuyo, pero que te dicen que para que sea tuyo tienes que pagar ese impuesto. Pagar por algo cuyo titular ya había pagado en su día y no tenía que pagar nada. Idea que te viene a decir que todo es del estado y vuelve al estado. Otra ironía, por no hablar del 20% que recaudan de los juegos de azar cuando el premio es superior a una cantidad. Claro que si cobras los ocho euros de una primitiva de tres aciertos, no te vienen a pedir, Imagina que te quitaran el 20% de esos ocho euros, ¿que cara se te queda?, pero si son unos millones los que te llevas y te quitan el 20% aún lo pasas ¿no? ¿Irónico el “engaño”?

Una tajada detrás de otra a una nómina o a una pensión ya de por si exigua, un país que ha centrado su crecimiento económico en la industria automovilística, en la construcción y en el turismo, un país que no se ha reconvertido y que ve como las fabricas se van a países con mano de obra más barata. Demasiados impuestos, demasiados impagos y el círculo vicioso suma y sigue. Y todos los años se tienen que cerrar las cuentas del estado, pagar los préstamos pedidos por salvar a los bancos y exprimir un poco más a aquellos que tienen una nómina o pensión, a base de impuestos directos e indirectos.
¿Y al final que nos queda? La canción del verano, Sálvame, Gran Hermano, Eurovisión, el Futbol, los toros, engañar al fisco, tener dos empleos, cobrar en B. España, ese país que se agita como un niño cuando llora, que ha incrementado su nivel de pobreza considerablemente en los últimos años. Una España que se auto consume en la vorágine de su decadencia. Una España en la que si dejara de circular el dinero negro se ahogaría inexorablemente.
Medidas y más medidas en el país en el que se aplaude al listillo que engaña, roba o es más vivo que nadie. Un país en el que el ladrón es un Don y el padre de familia que sufre por llenar la nevera a fin de mes se siente explotado, engañado y es víctima de su propio voto en las próximas elecciones. Elecciones, donde podemos o no formar gobierno, un gobierno digno que haga… ¿Qué queremos que haga? ¿Qué necesitamos? Tú, ¿Qué necesitas? Necesitas una ideología política, o necesitas trabajo, comida, calidad de vida, ¿qué buscas tener con tu voto? Un país donde los viejos dicen que no hay justicia, que el que tiene sale a la calle libre y el que no tiene por un poco, paga más que el que tuvo y salió. Un país donde hallamos a políticos españoles enriquecidos con el paso de los años y que fueron o no presidentes del gobierno, políticos trabajando en las eléctricas, políticos con varios empleos. Personas que son escuchadas cuando hablan por una sociedad que en su día les voto.

Y divagando en mis recuerdos, me encuentro en aquellos años de voluntariado, donde recuerdo a aquel enfermo mental que me decía, “los humanistas serán los políticos del futuro”, ¿una visión confusa, alocada? ¿Humanistas? Ahora se busca a los tecnócratas, personas capacitadas para gestionar los recursos con las herramientas adecuadas. Opiniones que me hacen recordar a aquellos otros que se quejaban de la cultura de esta sociedad española, sociedad que daba su voto sin un criterio, y que solo votaban al de siempre, al de toda la vida. Personas que se indignaban por esta forma de votar, porque gracias a ese “no criterio”, a esa ignorancia, al final muchas cosas no cambiaban nunca.

Ahora llegan grupos políticos realizando recortes demasiado grandes, reduciendo el gasto y fracasando en su forma de realizar la labor que han decidido hacer. Unos gastan en exceso, otros recortan en exceso, otros roban lo que pueden, al final una gestión inadecuada en la que el pobre español de a pie tiene que decidir a quién votar. Y te miras el monedero, miras los días que faltan para volver a cobrar, y sonríes con ironía cuando en la televisión escuchas que ha aparecido otro que ha robado una “jarta” de millones. Otro que es amigo del hermano del cuñado del primo de…, que estuvo en ese puesto porque le nombraron a dedo en función de la cena en el restaurante tal, en el que se pasó un sobre a fulanito y luego claro, había que recuperar el dinero del sobre y estar en el poder da derecho a resarcirse.

España, marca nacional, una imagen propia. Hoy son los pensionistas, los abuelos, los que sostienen muchas casas, y cargan aun con las cargas de los hijos emancipados o cuidan de sus nietos para ahorrarles la guardería. Estos pensionistas que vienen con un criterio arraigado en la época de la posguerra, enamorados de Suarez, son lo que hoy en día buscan decidir a quién votar en España, a su partido de derechas o de izquierdas, o a los nuevos personajes que van lavando la cara a un sector contaminado. Estos pensionistas son lo que cambiando su rigidez mental pueden cambiar aun este país junto con ese voto joven que puede tener un sentido de la justicia o de lo correcto que antes de ellos, sus mayores no tuvieron.

Alma y Luz Revista

Política de Privacidad y el Aviso Legal

error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: