Horta de Sant Joan

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En mi peregrinar por tierras tarraconenses, tuve ocasión de visitar Horta de Sant Joan, un pueblo situado en la provincia de Tarragona, al sur de la comarca de Terra Alta, limitando con el bajo Ebro y con Aragón, situado a una altitud de 542 metros, que junto al rio Algars domina la planicie de la zona. Contaba ya Picasso de Horta que todo lo que sabía se lo debe a Horta de Sant Joan y es que el célebre artista se alojó en dicho municipio por dos breves periodos de tiempo.
Horta, fue conquistada por los musulmanes en el siglo VIII y reconquistada en el s.XII por Alfonso “el Casto”. Otorgando este rey la primera carta de población a este municipio, esperando con ello repoblar aquellas tierras. Eran tiempos inciertos donde la inestabilidad de las fronteras por la lucha de ambos bandos hizo que la zona no se repoblara con facilidad, por lo cual Alfonso, hacia 1174, cedió el término de Horta a los templarios, los cuales elevaron el término al rango de encomienda, incluyendo en ella varios pueblos limítrofes. Al cargo de esta encomienda queda Bertran Aymerich, el cual edificó el convento a los pies de la montaña sagrada, y dispuso un hospital de peregrinos y una formidable biblioteca. Los templarios consiguieron que el territorio prosperara y se asentaran las gentes.

A la entrada del pueblo podéis encontrar “Lo Parot”, el cual es un olivo que fue declarado árbol monumental, cuenta con un altura de ocho metros y un perímetro de 15, y suma más de dos mil años de antigüedad. De la variedad Olea europeae, con hojas y futo más alargados que la variedad cultivada en la zona. A veces el poder abrazar a un árbol tan añejo tiene su aquel, ¿verdad?

Es un pueblo con un casco urbano medieval y con unas vistas preciosas. Al sur podéis encontraros con Els Ports de Tortosa-Besseit, con una orografía muy accidentada, donde puedes encontrar lugares preciosos como el paraje de las “Rocas de Benet” o “la Franqueta” junto al rio Estrets, donde puedes disfrutar de la naturaleza. Si las Rocas de Benet, son bien visibles, encontrar “Lo Parot” os puede resultar un tanto más complicado, aun situándose en las cercanías del municipio en medio de un olivar. “Lo Parot”, está a la salida de Horta en dirección a Bot, en el punto kilométrico 3, desde ah, os dirigís a las construcciones lindantes, desde las cuales sale un sendero que nos lleva a un bancal inferior donde se encuentra el árbol.

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Horta de San Juan, conserva su núcleo urbano medieval. En la plaza de la iglesia os podéis encontrar un conjunto arquitectónico muy hermoso, formado por el ayuntamiento renacentista del siglo SVI, donde un mural de Fernando VII conmemorando las cortes generales de Cádiz os llamará la atención. Saber también que en sus bajos se encontraba la antigua prisión de Horta. Las calles empedradas, el artesonado de las vigas que unen las casas y las callejillas que bordean la iglesia de San Juan, y la plaza del ayuntamiento os conducen a un pasado arquitectónico rico en sus diferentes facetas. La iglesia, gótica de una sola nave, cubierta de vuelta de crucero, con cabecera poligonal, ventanales ojivales y contrafuertes escalonados que sobresalen al exterior y el ayuntamiento con costumbretes renacentistas, crean una plaza preciosa en su conjunto. Un lugar no ajeno a las contiendas y luchas de otras épocas que guarda en sus suelos la memoria del sufrimiento por los caídos, por los reclusos o por los ajusticiados en dichos lares.

Recorriendo sus calles podéis encontrar un palacio de estilo Leridano, la Casa de la Comanda, o de la encomienda o del diezmo con una galería en el desván y una garita en uno de sus extremos. Más allá La Torre del Prior o de Galindo (s.xIII), la cual es una fortificación al pie de la montaña de santa bárbara, en la cual a dos kilómetros del pueblo, a sus pies, se halla el convento de Sant Salvador d´Horta construido allá por el s.XVII, sobre restos arquitectónicos del s.XIII, el cual era el antiguo convento franciscano de la Mare de Déu dels Angels. En 1985 el conjunto de Montaña y Convento fueron declarados Monumento histórico-artístico.

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La orografía que circunda el pueblo y el propio pueblo sirvió de inspiración al cubismo de Pablo Picasso y de hecho podemos encontrar el Museo Picasso d´Horta, en el antiguo hospital y que recoge muestras de la obra del autor en referencia a dicho lugar.

Cerca de la plaza de la iglesia podéis encontrar el Ecomuseo Dels Ports, Un punto de información del Parque Natural dels Ports. “Els Ports”, es un macizo montañoso que está entre el sistema mediterráneo catalán y el sistema ibérico, relevante por su fauna, su flora y su geología. La cabra salvaje es muy abundante y relativamente fácil de ver. En este ecomuseo se puede encontrar información referente al territorio, sus habitantes, su tradición y su historia, además de los servicios que nos pueden ofrecer.

Como dije antes, las Rocas De Benet, que están situadas en el centro de todo el conjunto de montañas y separadas de Horta por una gran planicie, atraen la mirada y son punto de referencia y de orientación de todo el lugar. El sendero para subir está indicado y no reviste mucha complicación. Desde la cima, se disfruta de una visión fantástica de las montañas que la rodean y de toda la planicie situada a sus pies. Es de destacar también El Mas De Quiquet, el cual está a unos diez minutos a pie de la Franqueta.

Para los excursionistas y los amantes del senderismo os propongo dos rutas:

1) La Vía Verde de la Terra Alta que pasa por el término municipal de Horta de Sant Joan. El trazado general de esta antigua vía de ferrocarril, ahora vía verde se inicia en La Puebla de Híjar (Teruel) y acaba en Tortosa (Tarragona). En su recorrido atraviesa diferentes pueblos y discurre por espectaculares parajes naturales de la Sierra de Pandols y de Els Ports, acompañando en su itinerario al río Canaletes en gran parte de su recorrido.

2) La Ruta de l’Oli de la Terra Alta que pasa por la localidad de Horta de Sant Joan, transcurre por todas las poblaciones de la comarca de la Terra Alta (Tarragona), dejándonos ver los campos de olivos de la variedad empeltre, que crean la Denominación de Origen del Aceite de la Terra Alta.

Tenéis también otras tres rutas, una desde el convento por la montaña hasta la cruz, otra desde Horta hasta la Fontcalda por Bot y una tercer la ruta de Sant Roc.También podéis practicar barranquismo en las Canaletes, en Cantavella o en el Estrets

Aunque os parezca mentira, cuando llegue al pueblo, lo que me llamo la atención fue la montaña de Santa Bárbara. Me traía Marta, ella ya conocía el lugar pues venía con su familia de acampada o de excursión por los alrededores mucho antes. La montaña, con 735 m de altitud se yergue detrás del Convento de San Salvador y está situada a unos dos kilómetros del pueblo. Así que en lugar de visitar el pueblo, nos dirigimos directamente hacia ella. Santa Bárbara es una imponente montaña, de roca conglomerada, con una tremenda energía femenina que no puede pasar desapercibida. Crucé el pueblo con el coche y me introduje por una carretera estrecha a mi izquierda camino del convento. Unos 300 metros antes, aparque el coche en un terreno de cultivo y fui caminando acercándome al antiguo convento franciscano. Está asentado sobre la montaña y aún se puede sentir esa energía que te envuelve y que te lleva a adentrarte en sus cuevas eremíticas en busca de ti mismo o del Creador. Una energía que subyace latente en toda la montaña y que te permite evadir tu consciencia para adentrarte con facilidad en planos más elevados.

Según caminaba, diferentes flashes a modo de imágenes surgían en mi mente, aún no podía saber con exactitud que suponían todas aquellas imágenes, pero la vida no me trajo aquí por casualidad, como en tantas otras ocasiones, mi camino me lleva a pasar por ciertos sitios donde en anteriores encarnaciones he estado, teniendo mi energía, que volver a estar en dichos lugares para recomponer cosas o equilibrar hechos de un pasado en este presente o simplemente tener bellos recuerdos. Así pudimos contemplarnos en las laderas de esa vieja montaña y recordar y recrearnos en la vida que pasamos tras los muros del convento desde niños. También tuvimos retazos de otras vidas, destellos fugaces de imágenes que nos traían al presente tiempos remotos en donde éramos viajeros alojados en la zona, bien de paso o bien tuvimos la comprensión que por poco tiempo vivimos en aquel hermoso lugar.

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Un pueblo, un lugar que despierta en nosotros cierto sabor romántico, fruto de las secuelas de nuestra relación en aquel lugar y con dicho entorno. Lugar en el que los monjes del convento y antes que ellos otros eremitas, ascendían por las laderas de la montaña hasta lugares recónditos donde se ensimismaban en sí mismos en sus cuevas eremíticas buscando encontrar la verdad. Santones piadosos que frecuentaban la soledad y las inclemencias del tiempo para cultivarse en el rico arte de ganar su espíritu, favorecidos por la rica energía femenina que puebla el lugar. Un lugar de culto, un lugar sagrado.

En Horta se han encontrado restos de un poblado íbero y monedas acuñadas con la inscripción ‘ilercavonia’, el cual es el nombre de una tribu íbera. Antes de la llegada de los templarios, ya existía en el lugar del convento, una ermita, y antes un lugar de culto pagano, compuesto por cuevas y dólmenes. La montaña sagrada de Santa Bárbara, con su energía femenina, fue honrada con la presencia de un convento. Los templarios, dispusieron de una imagen para la adoración popular y la devoción mariana, talla que era fruto de una leyenda acerca de dos gigantes y que recibía el nombre de “Nuestra Señora De Los Ángeles”, honrando de este modo las energías femeninas del lugar, y aprovechando esto en beneficio del vulgo y de la zona. El convento tuvo diferentes nombres a lo largo del tiempo, en el s.XIII, su nombre fue “Nuestra Señora dels Angels o Nuestra Señora de Horta”, posteriormente derivó en “Mare de Deu dels Àngels” y después, allá por el s.XVI, tomó el nombre de San Salvador de Horta, pues se alojó allí el fraile milagrero llamado Salvador Pladevall, el cual con la proliferación de sus milagros hizo célebre a esta aldea y conocida en toda España, llegando miles de personas a Horta en busca de su milagro.

Los restos que veis del edificio se corresponden a la restauración que comenzó en 1990, fueron los habitantes de Horta los que compraron el convento para evitar que fuera vendido por piezas por así decirlo. El edificio se vio muy comprometido por las diversas guerras que asolaron la zona como la guerra dels Segadors, o la guerra de la Independencia, para rematé la desamortización del s.XIX casi termina con él. Es una de las joyas arquitectónicas medievales de Cataluña.

Nada más acercaros a el podéis ver las escalinatas y el enorme atrio que dan paso a sus puertas y donde encontraréis tres tumbas. Tiene una orientación Este – Oeste, saliendo el sol por el ábside y poniéndose por el atrio en los equinoccios de primavera y otoño. La edificación templaría era de una sola nave con un ábside semicircular dividido en cinco partes, la bóveda del ábside es el clásico cuadrante de esfera románico nervado tan poco visto en Cataluña. Hay textos escritos que la edificación más antigua fruto del temple en sus años más tardíos, antes de su abolición, guardaba en su construcción proporciones áureas. El estar presente el número cinco en toda la edificación, apunta a las creencias mazdeistas, las cuales influenciaron a los cataros y a los templarios. Puede parecer que la distribución del templo no sigue un planteamiento católico, unificando lo celestial con lo terrenal entre ábside y nave, si no que puede darnos a entrever las doctrinas de Zoroastro. Podemos apreciar los clásicos pilares octogonales. El telurismo en el templo es enorme, encontrando diversos puntos telúricos, uno de ellos delante del altar mayor. En el atrio, de grandes proporciones con 12 arquivoltas ojivales, puedes hallar varios sarcófagos, los cuales pertenecían a frey Bertrán Aymerich y a los caballeros Rotlà y Farragó. Los sarcófagos están poblados de símbolos mistéricos. En esta zona, donde prodigó el catarismo, también tuvo fama por las tradiciones de brujería. Si os dais cuenta, al hablar en atrio, vuestra voz se amplifica.

Me quedaron pendientes nuevas visitas al lugar, poder volver a subir esa montaña en esta vida, montaña que tantas veces subí en anteriores tránsitos, poder sentir más todo aquel entorno y meditar en las inmediaciones. Pero el tiempo de la visita aunque escaso fue emotivo, tierno y cálido. Un rato después callejeaba por el pueblo de Horta, completando la visita a este entorno y dejando atrás una montaña en la que siento una gran paz, una tremenda serenidad y un estado de alegría especialmente bonito.

Solo os puedo decir que cualquier día volveré, con la excusa de enseñárselo a otra persona o de hacer lo que hicimos un día de excursión a la naturaleza.

Miguel Ángel Miguel Andrés.

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