La Atención

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Antes de descubrir en mi camino el método vipassana, yo por mi mismo estaba ejerciendo una atención sobre mi cuerpo y mi comportamiento con el afán de conocerme a mí mismo.

Aprendí a relajarme, aprendí a adquirir un estado de paz y traté de mantener éste estado de paz y el hecho de sentirme bien durante todo el día. Identificando en esta forma de proceder todo aquello que me afectaba y me hacía salir de ese estado en el cual me sentía bien, en paz. De esta manera empecé a estudiar mi personalidad y elegí nuevos modos de comportamiento ante las experiencias que vivía para no perder mi estado de bienestar. Comprendí que estado, que sentir, era el más conveniente para mi cuerpo físico y trataba de vivir en esa armonía.

Este método, vipassana, nos indica un manera de ganar más atención a lo que estás viviendo en el momento presente. Te indica que prestes atención a tu cuerpo, haciéndote consciente del movimiento de este en todo momento, así como de las posturas adoptadas, los movimientos al comer, al caminar, etc, anotando mentalmente lo que estás haciendo en todo momento. Digamos que tiene la virtud de hacer que tu mente se ralentice y coja un hábito saludable.

Un poco más adelante te encontrarás observando cada pensamiento que cruce tu mente y serás consciente de lo que estás pensando sin involucrarte en ello. Un poco después serás consciente de tus emociones, tomarás nota de ellas sabiendo porque surgen y cuando cesan, sabiendo que están ahí, pero sin ser ellas, sin identificarte con lo que sientes.

Cada vez serás más y más sensible y sensitivo.

Yo, en particular, para sentir más mi cuerpo utilicé la relajación. Primero tumbado, practique el sentir mi cuerpo hasta ser consciente de él cuando ya no estaba tumbado, sintiéndolo en todo momento de mi día. Utilicé para relajarme, el método de prestar atención a la elevación y descenso de mi vientre al respirar como una forma de relajarme y de llevar paz a todos los órganos de mi cuerpo, sintiéndolo en su totalidad sin abandonarlo en ningún momento. Esto me ayudo a estar atento a mi cuerpo en todo momento, a estar más presente.

Tomé nota de mis afectaciones, de mis reacciones, de sus causas en mí que provocaban mi comportamiento, y con el análisis de estas causas desentrañe mi personalidad para descubrir cómo era mi yo.

Otros métodos de atención o de concentración se basan en el ejercicio de observar la entrada de aire por la nariz, como inhalas, cuanto tiempo dura la inhalación, cuando exhalas y cuánto tiempo dura la exhalación, haciéndote consciente del proceso.

Cualquiera de estas formas son válidas para incrementar tu atención a ti mismo, eligiendo el que resulte más sencillo, el que nos sea más fácil y continuando con ello hasta liberarnos de nosotros mismos.

Creo que cualquier camino de crecimiento pasa por cultivar la atención consciente y plena al momento presente. Ser consciente de ti en todo momento es importante, y para ello te tienes que observar y estar atento a todo lo que haces mientras vives tú día a día.

Así pues lo primero que pido a las personas que se acercan a mí con el interés de hacer un camino interior y saber de sí mismos es que practiquen la atención a sí mismos mientras vamos hablando con los días de muchas otras cosas acerca de cómo somos o como se ha formado nuestra psicología, nuestra personalidad.

Te recomiendo encontrar un método, el que más fácil te parezca o con el que te encuentres más cómodo, que no suponga un gran esfuerzo para ti, y que lo incorpores como rutina en tu ahora para adquirir más atención plena al momento presente.
A continuación os expongo dos tipos de meditación que te permiten adquirir una mayor atención.

Meditación Samatha:

Esta meditación consiste en establecer la atención continua de nuestra mente en un único objeto, el cual puede ser una vela, la respiración, la imagen de una mariposa, un mantra, un color, una emoción positiva, etc, durante un tiempo determinado, pasando sistemáticamente por una serie de estados de abstracción o absorción de la mente con una progresiva suspensión de la percepción sensorial y de la actividad discursiva de la mente.

Si durante sus instantes iniciales, (un tiempo indeterminado, en función de cada persona) requiere del esfuerzo para educar la mente y hacerla que regrese una y otra vez al objeto que hemos elegido para meditar, evitando de este modo las distracciones, más adelante, se hace necesario soltar esta intención, cuando ya hemos conseguido que la mente repose durante un tiempo en el objeto elegido para meditar, de tal manera que podamos establecer nuestra atención en el objeto sin esfuerzo.

Esta práctica flexibiliza la mente y la aporta calma, claridad y concentración mental, pues permite retirar todos aquellos pensamientos, emociones y sensaciones no asociados al objeto meditado y centrarnos únicamente en una sola cosa.

Nuestro estado mental normal se encuentra dividido y a veces muy poco concentrado, afectado por emociones negativas y limitado por sus puntos de vista, por lo tanto en este estado no es posible percibir las cosas como realmente son.

Más adelante una vez alcanzada esta meditación se lleva a cabo una meditación más profunda y neutral, la:

Meditación Vipassana:

Esta meditación se establece en una observación ecuánime, directa y neutral de la mente, el cuerpo y todos sus procesos, así uno puede llegar a ver las tres características de la existencia en el mundo fenoménico o manifestado:

La falta de existencia independiente o de sustancia de todas las cosas, la impermanencia o transitoriedad de todas las cosas y el sufrimiento de apegarse a ellas.

En la meditación Vipassana se puede usar como objeto de observación la respiración, los objetos mentales, las sensaciones o todo a la vez. La mente permanece atenta a su tarea y despierta, pero además de registrar todo de forma clara, permanece totalmente desapegada de cualquier cosa que ocurra en la mente o en el cuerpo. Este “no involucrarse” o ecuanimidad es la clave para ver la realidad tal cual es.

El estado de sopor o adormecimiento debe evitarse ya que compromete la claridad. La observación debe ser clara y no se debe juzgar ni identificarse con lo que se percibe.

En este sentido la meditación Vipassana no tiene ningún objetivo en absoluto, aparte de permanecer despierto, atento y al mismo tiempo desapegado y ecuánime.

Miguel Ucero

Alma y Luz Revista

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