La Farmacia

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Carta de Presentación
Alma y Luz Revista
Número Uno
Octubre 2015

 

Un día soleado, con brisa fresca y limpia, acariciaban las 9.30h de la mañana del viernes 18 de septiembre.

Veníamos Miguel y yo de dejar a Dennís en el colegio. Dennís, es el pequeño de la familia, por el momento, ya que en unos días nacerá Ángel, nuestro próximo retoño.

Miguel, dejó estacionado el coche frente a la farmacia del pueblo, yo me quedé esperando dentro, mientras él, iba a comprar el pan y algunos alimentos más, necesarios para la comida del día.

Relajada, y respirando la mañana, después de una noche intensa de contracciones leves, que no desembocaron en parto, observaba a las personas que entraban en aquella farmacia. Estuve unos diez minutos allí, en aquel lugar, en silencio y en observación, hasta que Miguel regresó.

Pude contar a siete clientes, pacientes o personas, entrando a por sus medicinas, en aquella mañana soleada y delicadamente fresca.

A todas les acompañaba una energía densa a su alrededor o en distintas partes del cuerpo físico, que se veían reflejadas en su aura. Era una energía que vibraba a preocupación, miedo, dolor. Una energía de emociones no comprendidas y por lo tanto aparcadas en el tiempo y espacio de sus cuerpos, sus distintos cuerpos. Físicos, mentales, emocionales y etéricos.

Como terapeuta energética, diría que aquellas personas no contemplaban en ningún momento la sanación emocional en sus dolencias. Aquellas personas entraban a por sus pastillas, jarabes, medicación, sin contemplar por un momento la idea de tener otras alternativas curativas, que enlazadas a la medicina tradicional, pudieran permitirles la sanación íntegra o bastante completa de sus males. Ellas, no sabían como tratar su malestar desde la raíz, haciéndose conscientes de la emocionalidad negativa e incomprendida que reside en sus interiores por experiencias negativas pasadas no digeridas. Ellas no saben, que toda enfermedad física o psíquica, tiene una base emocional en desequilibrio y que por ello acaba en enfermedad crónica.

El azúcar, la tensión, la bronquitis por tabaquismo, en fin, aquellas personas que en aquella mañana entraban en el comercio farmacéutico, eran crónicas y asiduas a esos medicamentos. Y lo seguirían siendo por su ignorancia ante el hecho de no contemplar otras alternativas por no tener en sus manos la información necesaria.

La persona que iba por su diabetes, llevaba una mancha oscura a la altura de su páncreas y corazón. Persona que había sufrido por amor, que se había sentido en algún momento incomprendida y abandonada y que aún esperaba que la mimasen y abrazasen con cariño.

La persona que padecía de tensión alta, estaba rodeada de una energía densa y de color rojizo. Era una persona exigente con ella misma y con los demás, no sabía como canalizar la ira que le llevaba a sentir impotencia.

Y el señor que entró por su bronquitis crónica por tabaquismo, su energía mocosa y de color muy feo me mostraba que a la altura de su pecho había emociones estancadas que le impedían respirar el oxígeno de vida. Persona que vivía por inercia sin expectativas e ilusiones y que le costaba vivirse libremente y hacerse escuchar de la misma manera.

Todas ellas llevaban un puñal de dolor clavado en el pecho que les aportaba un pellizco de tristeza nublando aquella mañana soleada y fresca que podías acariciar tan solamente con una sonrisa.

Aquellas personas entraban en aquella farmacia creyéndose enfermos sin remisión, no siendo así, o por lo menos no en su totalidad.

Ellos, pueden comprenderse en un estado alterado energético e incluso en un estado crónico de su enfermedad, pero no por ello, fuera del alcance de vivirse en una mejor calidad de vida.

Una vez comprendieran su estado actual y la base de su dolencia, base que se asienta en unas emociones desconocidas y olvidadas.

Alma y Luz Revista, quiere ayudar a ello, ese precisamente es nuestro objetivo, nuestro cometido. Aportar toda la información que esté en nuestras manos, para ayudar a todo aquel que quiera despertar ante la comprensión de que cada enfermedad, cada dolencia, cada patología o como queramos darle nombre, tiene su raíz en la emocionalidad.

Lo cierto es que si la medicina tradicional y la natural se dan la mano, con total comprensión, todo cobra otro color. El color de vida. Son tiempos de unificar conocimientos, de no restar ni desprestigiar criterios, si no todo lo contrario, comprenderlos unidos basandonos en la experiencia de haberlos experimentados.
El Reiki, por ejemplo, terapia energética por imposición de manos, está entrando en nuestros hospitales españoles y en otros muchos de otros países. Eso quiere decirnos que si de alguna manera la medicina tradicional, empieza a contemplar lo positivo de esta terapia para diversas enfermedades, es porque se han permitido la duda ante ella, y han experimentado sus resultados. Esto como Maestra de Reiki, me hace sentir enormemente feliz y muy positiva ante la idea de que lo nuevo no borra lo ancestral y natural, ni lo desvaloriza, si no que lo nuevo se complementa con lo natural, para un mejor bien ante la salud y la vida.

Marta Aguilar Rosiña

Alma y Luz Revista

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