La Importancia

cuento

Manolito estaba contento, allí estaba saliendo del hotel camino de la playa, era la primera vez que iba a una playa, ya por la noche había visto el mar desde la habitación del hotel, es increíble cuanta cantidad de agua junta.

Con un andar tranquilo y sin ninguna prisa por conocer algo nuevo, paseaba de la mano de su madre, su curiosidad por todo era tremenda, sin embargo no tenía impaciencia por conocer.

Ya en la playa, se ubicaron en una zona, nada despejada, había muchísima gente junta, la verdad es que estaban un poco prietitos, pero allí estaba, sentado en la toalla, en bañador, mientras su madre le untaba con una crema que según ella decía era para protegerle del sol, y Manolito no paraba e protestar.

– Jo, mama, no quiero más crema.
– Si, mi niño, si no el sol te quemara.
– Joooo, mama, en la cara no, joooo que huele mal, y no me gusta.

Y la madre en silencio, termino de ponerle la crema.

Manolito era intrépido, más bien prudentemente intrépido, aun así su madre se encargó de dejarle bien claro lo que podía y lo que no podía hacer, y cuando y con quien.

Manolito dejo en un poco las faldas de si madre y se dio a caminar hasta la orilla. En el camino se encontró a un padre que jugaba con su hijo, mientras hacia un castillo de arena.

Manolito se ilumino, VOY A HACER EL MEJOR CASTILLO DE ARENA, se sonreía, empezó a buscar el lugar que le pareció más adecuado, y se acercó junto a la orilla del mar, allí le sería más cómodo, tenía el agua cerquita y la arenita seca también.

Pasado un rato, Manolito estaba encantado, le estaba quedando perfecto. Pasó otro rato, y estaba tan ensimismado en lo que hacía que no se percató que el agua de las olas cada vez llegaba más cerca de su gran castillo de arena.

Recién Manolito estaba realizando la ventana de la gran torre, llego una gran ola y derrumbo su gran castillo, al tiempo que le mojaba sus piernecitas y podía sentir el movimiento del agua.
El agua se retiró hacia el mar, el niño, la seguía con la mirada mientras se retiraba, entonces giro su cabecita para ver su castillo, y se encontró que no estaba, solo había un montoncito de barro, allí donde estaba ese gran castillo.

¿Podéis comprender lo que sentía Manolito mientras miraba las ruinas del castillo?
Con unos pucheros tremendos se dirigió hacia donde estaba su mama, callada y de aspecto compungido, se sentó al lado de su madre.

Ella al verlo comprendió que algo pasaba y con ternura le pregunto.
– ¿Cielo, de dónde vienes?
Y el niño, la abrazo y se puso a llorar, y la decía llorando que había hecho un castillo muy bonito, e hip, llego el agua y lo destruyo, hip buuuuuuuuuuuaaaaaaaa.

La madre con una sonrisa tierna y comprensiva, abrazaba a su hijo.
– Manolito, ¿Por qué hiciste el castillo tan cerca de la orilla?- le pregunto la madre.
– Quería tener el agua cerca para poder mezclarla con la tierra y dar forma al castillo, y cuando ya lo tenía casi hecho, llego el mar y zas, lo derrumbo. El agua es mala… muy mala…
– Nene, ¿te gustaba mucho tu castillito de arena?
– Si, mama, era bello, enorme, grandioso, con sus cuatro almenas, el torreón central y las tres murallas, y y y el foso, era grande, gigante…
– Manuel, en un ratito nos iremos a comer al hotel, si el mar no te hubiera derrumbado el castillo, ¿te hubieras podido llevar tu castillito al hotel?

El niño se quedó callado, y dijo: – No había pensado en eso mama. No, no hubiera podido.
– Seria yo mala por llevarte al hotel y separarte de tu castillo. – respondía la madre.
– No mama, tu no. No. – Decía Manolito al tiempo que giraba la cabeza muchas veces. Su mama no era mala.
– Nene, ¿disfrutaste mucho mientras hacías el castillo?
– Si, sisisisisi, mama, era supermegaguay, era un arquitecto, caballero, rey del castillo, jo, era ,era… y cree, construí tres murallas, una torre grandota, cuatro almenas, el foso, y tenía una princesa en el torreón, y muchos caballeros, y , y … Decía el niño con una gran sonrisa mientras recordaba la gran hazaña.
La madre sonreía y miraba al niño, era su primer castillo de arena, había desarrollado su creatividad, había construido con arena su castillo, había sabido dar consistencia a la estructura, y todo mientras jugaba a ser arquitecto, caballero, rey, y se divertía jugando y más, mucho más.. pero ahora era un niño, para explicarle, ya habría tiempo para que el poco a poco viera como era la vida y comprendiera porque sufrió al perder su castillo.

Al ratito se fueron a comer al hotel, y antes de la comida, mama, ayudo a Manolito a bañarse, y mientras le frotaba la espalda al nene, este la pregunto:
– Mama ¿Por qué me pusiste crema hoy para el sol? No me gustan las cremas, y la mama de Juanito, no le pone nada, y le explica que el sol es muy lindo y que nos ama, y que no nos quema,… le dice que nos da vida, y que, que, que, nos nutre… y muchas más cosas… hasta dice que ella nunca se quemo y que esto mismo hizo su madre con ella… y tú me dices otra cosa… ¿por qué mama?

La madre frotaba la espalda de su hijo pensativa… callada y recordaba la última vez que se quemó la espalda con el sol…

Miguel Ángel Miguel Andrés

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