La Montaña de Montserrat

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En el Eoceno Medio, esta comarca estaba regada por un brazo de mar que formaba un gran golfo, el cual comunicaba con el océano Atlántico. En las profundidades de este mar se acumulaban los sedimentos que después consolidarían el subsuelo del Bages. La zona donde se encuentra el macizo de Montserrat era entonces un delta formados por materiales arrastrados desde la sierra del macizo catalán.

En el Eoceno superior, este mar procedió a retirarse, y se precipitaron las evaporitas, en el área de Montserrat se sedimentaba la grava. Hasta bien entrado el Oligoceno, continuó la sedimentación de grava en éste área.
Desde el oligoceno al mioceno medio una red fluvial se asentaba en esta zona, la cual desapareció por esa época hundiéndose en la depresión del Ebro, para aparecer la actual. El hundimiento del macizo catalán y que la cuenca del Ebro se levantará al mismo tiempo, además de la resistencia desigual de los diferentes estratos ha permitido a la erosión modelar relieves destacados allí donde la roca es consistente y resistente. Los fenómenos cársticos ocasionados por la disolución de los conglomerados, de las calizas marinas y de las evaporitas, explican el relieve actual.

El macizo de Monserrat por lo tanto, está constituido por gruesos estratos de conglomerado, una roca formada básicamente por guijarros incluidos en una matriz de arena, limo y arcilla. Estos materiales se sedimentaron durante el período eoceno y principios del oligoceno, y están cementados con carbonato de calcio. La violenta acción de la orogenia alpina fracturo la pudinga que es como se conoce al conglomerado montserratino, la erosión diferencial del agua ha dado lugar a su relieve actual tan característico. Este macizo se halla al oeste del rio Llobregat y a tan solo 50 km de la ciudad de Barcelona, alcanza los 1236 metros en el pico de Sant Jeromi y desde 1987 ha sido declarado parque natural. Es una de las montañas más emblemáticas de Cataluña y en ella se halla el monasterio y santuario benedictino de Monserrat, donde se rinde culto a la virgen “negra” de Montserrat.

El pico más alto de Montserrat es San Jerónimo (Sant Jeroni), con 1236 metros. Al extremo oeste, hallamos las “Agullas”, donde se acumulan incontables agujas de roca vertical en graciosa formación. Si desde ahí viramos hacia el este, encontramos La Cadireta en la región de los Frares. La Cadireta está situada en el extremo norte de la montaña, tiene una forma muy curiosa y enigmática. Un agujero triangular por el que pasan los últimos rayos del día, la atraviesa en la parte media, dándole el nombre de la Foradada.

Toda la vertiente norte de Montserrat está formada por altísimas paredes y agujas de piedra que se elevan sobre las tierras bajas. Destacamos entre estas agujas el Cavall Bernat, que se eleva 1100 metros sobre el nivel del mar y que se halla sobre el pueblo de Monistrol, que está a 150 metros sobre el nivel del mar, junto al cauce del Llobregat. El Cavall Bernat es una altísima aguja de piedra, la más vertical y estilizada de toda Montserrat.

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Un poco más allá, en el este de la montaña, encontramos el monasterio benedictino de Montserrat, situado a 721 metros sobre el nivel del mar. En la actualidad este monasterio es un centro turístico de primer orden. En la primera curva de la carretera en dirección hacia Can Masana, subiendo hacia la montaña, puede tomarse un caminito que nos lleva al pintoresco camino de “Els Degotalls” o “Las Goteras”. Este camino está repleto de mosaicos de diferentes vírgenes regionales de toda Cataluña. Tras veinte minutos de paseo se llega al recinto del monasterio.

La traducción de Montserrat viene a ser monte serrado, término que recibe por su especial morfología, observándose el desgaste de las ajustas de éste macizo. Entre los mamíferos de más tamaño que podemos encontrar en este parque natural está el jabalí y la cabra montesa, de reciente introducción, también hay ardillas y jinetas. En el cielo puedes hallar al águila perdiguera, el arrendajo, el gavilán, vencejos, arañeros, garduñas, palomas torcaces, tordos, reyezuelos y currucas. En la noche al búho real y al murciélago. En los suelos podemos encontrar la salamandra, el sapo común, la culebra de escalera y la víbora ibérica. En esta zona la caza está acotada y se reduce a batidas de jabalíes para controlar su reproducción.

El bosque mediterráneo es la vegetación predominante en el parque, el encinar y un variado sotobosque con hasta 1200 especies diferentes de plantas cubren gran parte de la montaña. Aun pareciendo escarpada y poco boscosa, puedes encontrar en el macizo de Monserrat el pino blanco, el arce, el tilo, el mostajo, el avellano, el acebo, el boje, el roble, el madroño y el tejo.

Puedes realizar actividades de senderismo en el Parque Natural de la Montaña de Montserrat, y aunque existen multitud de caminos, senderos y pequeñas sendas que se adentran por las interioridades de la montaña, se requiere un cierto grado de entrenamiento para realizarlos. Además puedes hallar muchos senderos de gran recorrido, entre los cuales destacan:
El GR-172 pasa por Can Massana, por el Monasterio de Montserrat y Collbató.

El GR-4 pasa por Marganell, el Monasterio de Montserrat y en preparación el tramo de Collbató y el Bruc.
El GR-6 y GR-6-1 cruza Collbató hasta llegar al Monasterio.

El GR-5 cruza Collbató, pasando por el Monasterio y Monistrol de Montserrat.

Y finalmente el GR-96, que viene de Barcelona y pasa por Monistrol, finaliza en el Monasterio de Montserrat.

La espeleologia es otra de las actividades que puedes practicar en Monserrat, la horadación del agua creó en el interior de la montaña cuevas y se dice que también un lago, aunque aún no se tienen pruebas en dicho sentido. Por ello son muy conocidas las Cuevas de Collbató o del Salitre. Estando la primera abierta al público en una sección de 500 metros con visitas organizadas los fines de semana y festivos. El recorrido bien iluminado nos permite ver la evolución de los sedimentos y el proceso cárstico. La cueva del Salitre es la más conocida y visitada siendo un referente en la espeleología catalana.

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Para los amantes de la escalada, Montserrat es sin duda la gran escuela catalana de alpinismo, es una montaña que atrae por sus grandes dificultades debido a las rocas de conglomerado enriscado que hay que afrontar. Hay una multitud de vías abiertas de escalada de diferentes niveles de dificultad, pero conviene recibir información de los guardas de los refugios y del centro de información del parque, antes de afrontarlas.
El paisaje de Montserrat es único, las agujas y la multitud de aglomerados, así como la magnífica vegetación de la zona, hacen de este lugar un habitat precioso, único y es digno de ser visitado. Montserrat es una montaña que te sorprende, con sólo verla. Muy distinta de todas las demás, sola en medio del paisaje, te llama forzosamente la atención y según el lugar desde donde la mires, su silueta te recuerda la hoja dentada de una sierra.

Montserrat ha sido un enclave espiritual muy importante en la zona, su monasterio albergó cientos de monjes que hacían vida ascética, además se daba un gran peregrinaje a orar a la Virgen y a redimir los pecados. Alrededor del monasterio había trece ermitas, donde vivian los monjes llevando una vida solitaria en este entorno natural. Las ermitas son: Santiago y San Juan Bautista, con preciosas vistas. Santa Magdalena, desde la que se podían escuchar los cantos de los monjes que llegaban del monasterio. San Jerónimo, muy alejada, fría y húmeda, de difícil habitabilidad, San Salvador o ermita de la transfiguración, con su oratorio propio a la natividad. La Santísima Trinidad, era la más grande de todas y albergaba a huéspedes y peregrinos, además de acoger a los monjes, legos y monaguillos. Santa Catalina, con su cueva y sus pájaros. San Onofre, subiendo las escaleras talladas. Santa Ana donde residía el monje superior y se oficiaban las misas. San Antonio, junto al Cavall Bernat era una de las más solitarias. La de Santa Cruz o Santa Helena edificada en una gruta natural. San Dimás que aprovechaba los restos del antiguo castillo de marro.

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Aquellas personas que las recorrían todas y por orar en ellas recibían indulgencias. Más tarde, con la construcción de la ermita de San Benito, se hizo un recorrido de solo cinco ermitas para aquellas personas que no pudiesen llegar a las trece, recibiendo las mismas indulgencias. Alrededor de las ermitas se edificaron más habitáculos, los cuales se fueron ampliando con el tiempo hasta alcanzar grandes proporciones, constituyendo pequeños monasterios. Todos ellos fueron destruidos en la guerra napoleónica en 1812 y aunque algunos fueron reconstruidos y restaurados, terminaron siendo abandonados.

Fruto de esta tradición, fue fundado el monasterio benedictino de Monserrat en 1027 por el abad Oliva. Este enclave Mariano, se sitúa en la ladera meridional, al este de la montaña. De la primitiva iglesia de estilo románico, sobre la que se alza el monasterio, se conserva sólo el portal. Hacia 1537 fue ampliada y restaurada dentro del estilo gótico. La iglesia la conforma una sola nave y doce capillas laterales, sus dependencias más antiguas datan del siglo XVIII, debido a que las tropas napoleónicas destruyeron el monasterio allá por el 1811, teniendo que ser restaurado posteriormente.

La imagen de Nuestra Señora se halla en el interior de la basílica y la preside dentro de un camarín de estilo neorrománico construido en 1878, decorado con vidrieras policromas y mármoles. La imagen esta tallada en madera de álamo blanco, y data del siglo IX.
Por toda la montaña de Montserrat podemos encontrar ejemplares de tejo, algunos situados en lugares inaccesibles, muchos son de edad y tamaño considerable. Si os fijais, al fondo de la explanada donde se halla el monasterio hay una placita con dos ejemplares de éste rbol mágico desde la antigüedad, sagrado para los druidas y venenoso en su totalidad a excepción de sus frutos.

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En la Biblioteca de la Abadía de Montserrat se pueden encontrar varias obras de especial relevancia, como por ejemplo el “Libro Rojo”, un códice con caligrafía gótica que recoge una miscelánea de textos teológicos y devocionales. Y en el museo del monasterio podemos encontrar numerosos frescos de incalculable valor y una importante colección de materiales arqueológicos de la antigua Persia, Mesopotamia y Egipto, recopilados en su mayoría por el padre Bonaventura Ubach desde 1906, y desde entonces han ido llegando más donaciones.

Recuerdo cada uno de mis viajes a esta montaña de la geografía española. Si me tuvierais que preguntar que simboliza para mí, os diría que es el lugar donde hallo el séptimo chakra de la península ibérica. Este chakra simboliza nuestra expresión más sagrada, nuestro regreso a la esencia y nuestra conexión con el infinito.
Realizaba encuentros en Monserrat con amigos y seguidores de mis cursos de crecimiento, nos albergábamos en las habitaciones del hotel y disfrutábamos muchisimo compartiendo bellos momentos. Además de compartir comidas y tertulias, dábamos grandes paseos hasta lo alto de las cumbres y realizábamos alguna que otra meditación. Monserrat fue durante un tiempo fue nuestro lugar de reunión para allegarnos desde diferentes provincias.

Creo que lo que más honda huella deja es el primer viaje que realizas a la montaña, cuando sientes, observas todo por primera vez. Nada más estar unas pocas horas caminando por allí, mis pies ardían con la energía que emanaban las rocas, me magnetizaban y estaba como con temperatura elevada todo el día. La energía del lugar me hacía vibrar de otro modo a mi modo natural. Era una impronta energética considerable.

Pasé allí varios días y pude hacer varias rutas, experimenté en mis meditaciones de entonces cosas insólitas para mí, pues lo que percibía en aquel lugar era nuevo para mí, y muy difícil de aceptar o creer, tanto que no pongo en palabras toda mi percepción, para no caer en el ostracismo común. Aun así diré que percibía en la montaña que albergaba en su interior vida intraterrena, cavidades abiertas y discurrir de agua, así como una “posible” base de operaciones “ufo”, y entradas a lugares del plano sutil o portales a otros lugares.

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A ratos una experiencia meditativa en la que tienes comprensión de algo, o la respuesta a una pregunta, o una visualización, es complicada de aceptar, pues es difícil de creer todo lo que te muestras. Recordáis aquello de “Mateo, Mateo si no veo no creo”, pues aquí me pasaba lo mismo, y mi carisma crítico me lleva a ser prudente y reflexivo antes de creer a pies puntillas en todo lo que mi mente pueda llegar a percibir.

El mundo sutil y vibracional es rico en matices y en Montserrat hay mucha riqueza sutil, fuera de eso la montaña atrae a muchos visitantes, los cuales suelen llegar a hacer trabajos, unos en un sentido y otros en otro. La energía vibracional que sale de las rocas es tan elevada que te permite catapultarte a estados de conciencia elevados.

En uno de los viajes tuve ocasión de quedarme solo y hacer una de las rutas por la montaña en soledad, cosa que tanto me gusta hacer. Pasear a solas y experimentar la vida. Pude disfrutar de esa vida ascética del lugar, ese discurrir del tiempo en un entorno mágico por así decirlo, en el que la conexión con la Madre Tierra, la comunión con las rocas te hace transportarte a planos más elevados. En mi pasear, contemplaba los numerosos refugios para los alpinistas con los que cuenta Monserrat, se les podía ver escalando en varios puntos a mi alrededor. Esa mañana subí desde el monasterio, camino de San Jerónimo, uno a uno fui dejando atrás los 1024 escalones que me separaban del “Pla dels Ocells”, desde allí seguí caminando junto al lecho seco del torrente de Santa María y es que el terreno calizo filtra el agua y deja secos los cauces de superficie. A ratos los arbustos daban paso a las encinas, luego los arces, abetos y otros arbustos. En este caminar sintiéndome en todo momento mientras caminaba, presente, alcancé la ermita de San Jerónimo a unos 1150 metros de altitud, luego continúe mi caminar hasta la cumbre a unos 1224 metros. En el centro una pequeña explanada con una “rosa de los vientos” nos muestra las montañas que pueden observarse, apoyado en la barandilla junto al barranco, el precipicio era de más de 600 metros de caída libre.

Pude realizar dos meditaciones sencillas en dos puntos del camino y sentirme feliz cuando pise una zona de tierra, que no estaba ocupada por las rocas energéticas circundantes, feliz porque me sentí mas vivo. Desde ahí, emprendí, la ruta de nuevo hacia el monasterio, en donde me alojaba.

Puedo contaros anécdotas puntuales, tales como sentir a la montaña chillar de dolor al ser atravesada por los metales de los escaladores. Cosa que nos sorprendió en su día muchísimo a los que presentimos aquello. En otra ocasión coloque mis manos sobre las rocas y me fundí en ellas hasta tal punto que la descarga energética que recibí y sentí en todo mi cuerpo, fue tan potente que me liberé rápidamente asustado por la intensidad de la misma.

Fue en este primer viaje cuando me replantee mis ideas acerca de las misas de la iglesia católica y de sus centros de culto. Me explico, no todos los enclaves religiosos conservan sus suelos consagrados, algunos de ellos han sido profanados perdiendo su consagración, además, hacía mucho tiempo que no asistía a una misa. Años atrás postulé para ser misionero Paúl, pero no lo conseguí, así que un tiempo después, siguiendo mi propio autodidactismo, me aleje del catolicismo para adentrarme en el gnosticismo, el budismo, el sufismo y el paganismo wiccano, buscando conocer las raíces de otros cultos religiosos en otras culturas. Fue mi introspección personal lo que me facilitó mi propia visión de lo que para mí es Dios. Este proceso de búsqueda me llevo a alejarme de la iglesia católica, y verla de otro modo. Me centré en mis meditaciones y encontré que yendo hacia mi interior encontraba la fuente de todas las cosas y así hallaba a Dios en mí y fuera de mí. Luego pude comprender el sentido de las religiones y las fusione sin rechazarlas.

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Cuando pisé el claustro de Montserrat algo cambio, para empezar llegue cuando se estaba celebrando una misa, y claro empecé a mirar todo con la curiosidad de alguien que mira por primera vez. El caso es que a primera vista me sorprendí por lo que percibía en el mundo sutil en el rito que se estaba celebrando. También pude hacerme consciente que muchos de los religiosos asistentes, sabían ver por el tercer ojo, es decir habían recorrido un camino interior que les permitía ver y saber la verdad de su mirar.

Este hecho me resulto curioso, pues no estoy acostumbrado a ver sacerdotes o monjes despiertos, no digo con esto que unos u otros, hagan bien o mal su labor, digo que no había visto tantos juntos como aquel día en la abadía, lo cual me hacía conjeturar que las liturgias allí habrían de tener más sentido si cabe y que el lugar debía de ser un tanto especial y diferente de otros enclaves cristianos.

En lo alto de ese claustro, pude ver una virgen negra, conocida por la “Moreneta”, patrona de Catalunya. Las vírgenes negras son imágenes de la Virgen María que la representan como de piel oscura, o incluso completamente negra. Los rostros de estas imágenes se realizaban en marfil, elemento que al oxidarse se vuelve de un color negruzco. La realidad es que en cada lugar donde hubo un santuario a la Madre Tierra se instaló una Virgen Negra. Los antonianos y los benedictinos del Siglo XI y, tras ellos, los cistercienses y templarios en el Siglo XII asimilaron el sincretismo a través de los contactos que tenían con Anatolia, Siria, Chipre y Egipto, y llenaron Occidente de imágenes de la Virgen Negra, que tenían ocultas en su interior piedras de ese color procedentes de restos de meteoritos caídos del espacio a la tierra. Estas vírgenes no fueron instaladas al azar. Los santuarios de las imágenes negras occidentales se levantan sobre las ruinas de templos paganos, que a su vez fueron edificados sobre sitios de adoración prehistóricos megalíticos. Entre los cultos de todas las grandes religiones de la antigüedad sobresale el de la Diosa Madre, encontramos así, bajo diversas formas, una Gran Madre o Diosa Tierra, cuyos más antiguos antecedentes son las “Venus paleolíticas” de la prehistoria. Estas diosas (Isis, Astarté, Cibeles o Artemisa), fueron representadas generalmente de color negro porque eran el símbolo de la Tierra primigenia que, una vez fecundada por el Sol, se convertía en fuente de toda vida.

Durante mi estancia allí pude observar la gran afluencia de visitantes a profesar su credo, y de grupos esotéricos que efectúan sus rituales o trabajos mágicos en puntos específicos de esta montaña.

Lo cierto es que después de estar allí unos días salí muy reconfortado energéticamente y con un estado vibracional diferente al que traía, tuve paz, tranquilidad y numerosas experiencias sensibles, además de una entrañable compañía con la que compartí muy buenos momentos.

Miguel Angel Miguel

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