La Oración Cosmica que Acuna las Almas

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La importancia del nombre personal necesita ser subrayado en estos días. Gracias a la tecnología de la que disponemos en la actualidad, vamos a poder comprender alguno de los principios de una tecnología virtual, sutil, sin hilos o cables, pero de alta eficacia y múltiples prestaciones…
El contexto de la tercera dimensión suele acaparar la atención de nuestros sentidos de forma casi permanente, ya que darse cuenta de “quién es uno”, lleva mucho tiempo físico.
Los ritmos de crecimiento, en las etapas de la vida, considerados por algunos autores en cadencias de siete años (como la octava musical, que está compuesta de siete notas, como es conocido), nos puede servir de referencia para observar el “estirón” continuo que realiza cada criatura humana en su biografía planetaria.
A partir de ese “quién es uno”, se consiguen ciertos datos, en contraste con los elementos exteriores que nos rodean: los padres, los hermanos, los compañeros de clase o de deporte, los vecinos, etc.
Después necesitamos empezar a indagar “quién soy yo” a partir de definiciones y cualidades que también nos llegan, en primer término, de experiencias exteriores.
Pasa bastante tiempo físico hasta que iniciamos una mirada hacia adentro, hacia la sensación de que hay algo más de todas esas cosas que me cuentan por ahí.
Yo soy…..” y aquí aparece la disponibilidad de vincular las sensaciones propioceptivas y las vivencias internas con ese algo más que acabamos de descubrir.
El nombre personal es el puente de Luz hacia el verdadero faro que es el alma en sí misma, el Ser, el Self (que nos diría Jung), porque el nombre nos dota de identidad para todo el transcurso de nuestra vida. Cuando ese “puente de Luz” empieza a funcionar, buscamos primeramente los espejos o los “antecedentes” que posee mi nombre en la familia (tanto del padre como de la madre). Después buscamos los significados conocidos que podemos encontrar en la historia, en la Mitología y en los cuentos.
La verdad es que ese “puente de Luz” que es el nombre personal, tiene su origen en eso que hemos denominado:”oración cósmica que acuna a las almas”. Ese origen tiene que ver con el Programa previo a cada existencia en nuestro planeta. Y el nombre funciona aquí como un código de Luz Cósmica, como un microchip cargado de información, energías y cualidades que se organizan en un “código de función vibracional” dentro de un circuito pre-establecido.
El formato exterior M-A-R-I-A , L-U-I-S, A-X-I-E-L o cualquier nombre que podamos colocar aquí, es un entramado vivo de componentes vibracionales que se auto-organizan y complementan, organizados dentro del Programa de Existencia para una encarnación terrestre de un alma humana.
Entonces, el aspecto de identidad se abre a su siguiente compuerta o nivel: activar el nombre personal con la conciencia de su función de “puente de Luz”, nos permite recoger y retro-alimentarnos constantemente de las cualidades, vibraciones y capacidades profundas conectadas con lo anímico, para encarar la dinámica vivencial que nos espera en cada biografía terrestre.
De forma poética podemos considerar que el nombre personal es una FLOR. Tiene perfumen y cromatismo; tiene cualidades y esencia.
Podemos establecer también –siguiendo el símil de la octava musical— que del mismo modo que la Carta Astrológica nos habla de Planetas y su situación en el momento de nacer (los podemos comparar a los doce semitonos de la octava), las vibraciones del nombre personal serían semejantes a los siete tonos, que se combinan y entrelazan con los semitonos, según sea necesario para generar el código vibracional del nombre.
En el vocabulario de los ordenadores, podríamos denominarlos chips codificados o “zip”. La realidad es que contiene fuerzas formativas etéricas, aspectos y Planos cósmicos plegados en cada vibración para que la armonía del código del nombre no se pierda en ninguna circunstancia.
Recordamos a las personas por su nombre, además de su figura; el nombre nos abre el corazón, si son nombres de personas amigas y admiradas. La voz que pronuncia nuestro nombre con amor, queda sellada de por vida en nuestra memoria auditiva y nuestro corazón.
El nombre nos identifica de ¡tantas maneras!, en tantos niveles, que por lo general sabemos que no podríamos responder a ninguna otra denominación hacia nuestra persona.
Los bebés, incluso antes de nacer, ya inspiran su nombre a los padres o en su entorno. Utilizar varios nombres simultáneamente o diminutivos que lo banalicen, nos hace perder parte de la fuerza que tiene es “código vibracional”. Sería comparable a lo que le sucedió a Sansón, cuando era despojado de su cabellera… No usar con certeza y seguridad nuestro nombre nos debilita, nos llena de confusión interior… Sentir, vivir, expresar nuestro código completo tiene una equidistancia trascendente, porque traspasa estas dimensiones cercanas.
Es mortal de necesidad ese: “—Ah, bueno, llámame como quieras, me da igual…”, nos retrotrae a esa primera parte del proceso de identidad que ya hemos mencionado al inicio. Impide la maduración de la esencia nominal que se vierte en nuestro desarrollo psíquico y espiritual.
Por lo tanto, si son vibraciones dentro del Código de Luz del Nombre, el sistema vibraciona que lo inicia es la voz, la emisión de vibraciones a través de esa joya multidimensional que es la laringe humana.
¿Cómo sonaría en esas otras dimensiones la canción que acuna el alma: el nombre que da singularidad a la persona? No podemos intuirlo (todavía…), pero sí podemos pensar que es un aspecto importante en todo el proceso para cada Programa de Encarnación Humana: ¿cómo va a sonar nuestro nombre, si pudiéramos cantarlo en niveles sutiles?
Adscribimos emociones al nombre, a cada nombre personal. Algo parecido a poner adjetivos. Y esas asociaciones nos pueden llevar más allá, subiendo hacia al nivel de los sentimientos superiores ¿qué puede pasar si pronunciamos nuestro nombre, con pleno conocimiento de su armonía profunda?
El alma, para encarnar, trae su carta planetaria y su carta vibracional, como hemos dicho. En los planetas nos habla de ciertas tensiones y de las ayudas que podemos ir necesitando. En la carta vibracional del nombre, encontramos fuerzas, luces, colores y esencias encriptadas en un código sutil (la grafía del nombre es sólo una carcasa). Son como ingredientes transdimensionales a nuestra entera disposición, que pueden ser pronuncias fácilmente en nuestra realidad tridimensional, con “efectos especiales” según sutilizamos la apertura vibracional que ese código nos permite, actuando con la conciencia.
Hacemos crecer, hacemos volar esa “flor del nombre personal”. Cuando el Ser se identifica con su nombre, va a conseguir resonar ¡siempre! en una orquesta cósmica que plasma su sinfonía y que se escucha por todos los rincones de la eternidad.

MACARENA MILETICH
Sanadora Espiritual por Arquetipos
Especialista en Sanación Sonora del Ser ®
Investigadora de las Fuentes Sonoras de la Humanidad

Mis enlaces:
Vibrantes: https://youtu.be/KUl3BLtsZY0
Sanación Sonora del Ser

Escucha consciente, escucha supraconsciente

/Tu Alma en tu Nombre

El sonido de la cúpula del corazón

Sonido Mántrico https://youtu.be/cS-3QwdsjQs
Sonido Mántrico II https://youtu.be/rKmwFihzTgc
Ortofonía terrestre, ortofonía celeste

El Sol Sonante https://youtu.be/HTqO7ffcI-E

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