Mi Relación con el Alcohol

maribel

TESTIMONIOS

Como la mayoría de adolescentes que comienzan a salir los sábados por la noche, descubrí que el mundo del alcohol estaba al alcance de mi mano. Recuerdo que mi primer cubata fue un Malibú con piña, algo muy típico entre los primerizos de mi época.

Con el tiempo y ya con algunos sábados a mis espaldas pasé al whisky con cocacola, pudiéndome permitir de uno a dos cubatas por sábado debido a que mi paga semanal no daba a más.

En realidad nunca pude decir que el sabor del alcohol me agradase, pero ese contentillo y puesto que todos a mi alrededor lo hacian me convertía en una adolescente más.

A mis 18 años en el año 2000 tuve un proceso psicológico difícil, pase una étapa de muchos miedos e inseguridades, por lo cual eso condujo a mi madre a llevarme a ver a un psiquiatra, asociándolo a que la muerte repentina de mi padre a mis 15 años tuviera algo que ver.

El psiquiatra que me atendió, me diagnosticó depresión y ansiedad, recetandome unos medicamentos para combatirla. Fue entonces cuando dejé de tomar alcohol, pues no era un buen amigo del medicamento y ante el calvario y miedo psicológico que experimenté durante años, elegí el medicamento sin dudar.

Con el paso de los meses, de los años, comprendí que esa tortura psicológica en la que vivía 24 horas al día, no eran más que pensamientos que sin voluntad no generaban obra, pues en realidad mi mayor miedo era perder el control de mis actos. Me fortalecí, alcancé mucha paz en mí al comprobar que mis actos eran muy diferentes a mis miedos, decidiendo dejar de tomar la medicación.

Al principio, en esta nueva etapa de mi caminar lo llevé favorablemente bien, en donde por varias vias (libros, internet, artículos, etc… ) cogí mucha fuerza y conocimiento sobre temas que me fascinaban. Una noche sali con unos conocidos y como siempre me pedi una naranjada, hasta que uno de ellos me ofreció de su copa y me dije ¡oh Maribel ya puedes beber alcohol no te medicas ! y pegué un trago, con muy poco cogí un contentillo muy agradable y me fui a dormir.

Era 2008 tenía 26 años, habia superado mis miedos, estaba fuerte psicológicamente o eso creía pues al día siguiente fui al supermercado y compré alcohol. Al principio una botella me duraba varias noches, la disfrutaba mientras leia o miraba documentales mi gran pasión. Poco a poco y sin darme cuenta la botella pasó a ser diaria, cogía unas borracheras yo sola en casa increíbles, con sus consecuentes resacas hasta que me dije Maribel debes hacer algo. No fue suficiente cambiar las hierbas dulces o el baileys por cerveza, oh cerveza ¡niña pero si nunca te habia gustado!

No sirvió para nada pues consumia alcohol a diario, daba igual el tipo de alcohol que fuese. Mi familia en esta primera vez no notó nada en mi, hasta que un día después de muchos meses bebiendo, llamé a mi madre por teléfono y le dije con lágrimas: Mamá ven a por mi y ayudame a dejar de beber.

Fuimos a un centro de ayuda a drogodependientes, donde tuve que enfrentarme de nuevo a médicos y psicológos que no sabian mi historia, otra vez a hablar de mi, a medicarme y a sufrir ansiedad. Estuve un año sin beber, incluso volvi a subir mi autoestima y volverme fuerte psicológicamente, hasta que un día de cena de empresa volvi a beber cerveza, era gracioso ese contentillo, tanto que volvi a recaer.

Pasó menos tiempo en tardar en pedir ayuda, pero esta vez no lo conseguía dejar del todo, pues en encontrarme un poco mejor y más fuerte volvia a recaer, hasta llegar a la cuarta recaída y tener que ver a mi familia y amigos preocuparse, ya que no era como antes, el alcohol no me sentaba bien y no lo queria ver. Cuando bebia no era yo misma, me transformaba totalmente. Entonces supe con mayor detalle la enfermedad que tenia mi padre, mi madre me comparaba con él y me habló de una medicación para no beber, pero en mi caso, no aceptaba la enfermedad de mi padre como mia. Creia que podia sanar en mi y dominar el alcohol en todo momento. No fue así, en mi cabezonería por demostrar que no estaba enferma, me enfrenté a mi quinta recaída, la más dura y dolorosa de todas. Fue así porque no me queria aceptar, queria demostrar a todos que podia beber como la gente normal y sanarme, pero ocurria todo lo contrario. Cada vez hacia más daño a mi cuerpo y a mi gente querida, les decia no estoy enferma pero no me veía desde sus ojos. Semanas, meses, hasta que una noche mi hermana tuvo que llamar a mi madre, iba a coger el coche con una borrachera impresionante como en muchas otras ocasiones, pero mi madre llegó antes, me acostó y pude ver el sufrimiento que vivió el haber experimentado el alcoholismo en dos seres queridos tantos años.

Al día siguiente lloré como nunca, era el aniversario de la muerte de mi padre, me culpé toda la mañana por tanto sufrimiento causado, lloré si que lloré, no dejé de hacerlo hasta que ese bendito 8 de julio de 2014 entré por la puerta del centro de ayuda al drogodependiente y reconocí mi enfermedad.

Acepté la medicación y dejé de beber alcohol con ella, luego aprendí con el tiempo a no tomar más la medicación y saber que beber en cada momento. Supe tener una cerveza delante de mi tomar un trago y dejarla muchas veces, hasta que no necesité probarme más.

En este día que escribo estas líneas puedo decir que hoy cumplo año y medio sin alcohol y que tanto como el padre y la hija ya están sanados.

Que bello es beberse a uno mismo, que bello es beber agua.

Maribel

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