San Juan de la Peña

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La verdad es que ya han pasado unos años desde mi última visita a San Juan de la Peña. Fue por el 2010 cuando me planifiqué unas vacaciones de Semana Santa. Las iba a realizar yo sólo, así que decidí buscar hacer cosas que me atraían realizando un itinerario por España.
Salí una mañana de Madrid para visitar la ermita de San Pantaleón de Losa en Burgos, el caso es que llegue bien entrada la mañana y estuve hasta después de la hora de la comida, disfrutando del enclave y de un hermoso paseo de descenso por la ribera del rio hasta el pueblo. Luego sin tiempo para dejarme caer por el valle del Mena, continué ruta camino de Torres del Rio, (Logroño), donde dormiría. Fue en ese recorrido entre ambos lugares, donde me detuve en los eremitorios de la provincia de Álava, los cuales eran cavidades cinceladas en la roca de unas dimensiones enormes y que servían de hogar a los eremitas en tiempos remotos. Ya en Torres del Rio, me recogí en el albergue con los peregrinos del camino de Santiago donde confraternicé con ellos e hice noche para poder ver a la mañana siguiente la iglesia octogonal de dicho pueblo.

Tal como hice esa mañana, para un rato después, continuar ruta hacia Puente de la Reina (juego de la oca) y Eunate, (Navarra), donde pasaría el día, con la intención final de continuar viaje al caer la tarde y pasar noche en Huesca, en el pueblo de Santa Cruz de la Seros, a los pies del Monasterio de San Juan de la Peña
Me había planificado los itinerarios de forma que no tuviera que sentir que estaba todo el día en carretera, busque hacer unas dos horas de conducción por la mañana y otras dos por la tarde noche, de tal modo que pasaba el día en el lugar que quería visitar y descubrír sin prisa el entorno cercano.
Llevaba ya por aquel entonces tres años cultivándome interiormente, haciendo yoga de forma autodidacta, habiendo realizado progresos en mis relajaciones y en mis meditaciones, ganando más sensibilidad. Además mi mente se estructuraba, ganando silencio. Fue en aquel viaje cuando por primera vez sentí un punto telúrico.
Comprendo a mi modo de entenderlo que un punto telúrico es un cruce entre una línea energética o varias y alguna corriente de agua subterránea subterranea. Los zahories con sus varitas tienen la sensibilidad suficiente para encontrar no solamente estos cursos de agua subterráneos, sino también las líneas ley o líneas energéticas que entrecortan cada lugar, su técnica se conoce como radiestesia, y una persona sensible también puede sentir, saber, intuir o percibir dichos cursos con o sin varita.
El poder sentir la energía en movimiento requiere un proceso de sensibilización en el cual vas adquiriendo una percepción, luego el cerebro físico debe de algún modo recibir por el sistema nervioso esa información e interpretar correctamente lo que siente o percibe.

Este hacerme consciente del flujo de energía saliendo de un punto de la tierra, de lo que se conoce como un punto telúrico, es lo que descubrí que podía realizar desde este viaje. Fue en la ermita de San Pantaleón de Losa en Burgos cuando paseando por su interior sentí por primera vez un punto telúrico.

Desde tiempo inmemorial, se crearon lugares de culto en lugares donde se daba el telurismo, o la energia femenina de la madre o ambas cosas, eran sitios sagrados, lugares de adoración, cúmulos de energía. Así desde el románico y antes, se aprovecharon muchas construcciones paganas para crear sobre ellas templos cristianos, en los que se pueden hallar dichos puntos telúricos y las estructuras creadas aprovechan la energia del entorno para producir una vibración determinada. Muchas iglesias antiguas tienen un punto telúrico justo debajo del lugar donde el oficiante profesa la misa, incluso en la actualidad tengo entendido que en algunas de sus cosntrucciones la iglesia busca la ubicación de estos puntos para disponer la colocación del altar. Luego pueden tener algunos otros más en los alrededores de éste o no.

Teníais que verme en esa semana santa, caminado despacito por los templos, mientras trataba de sentir a través de mis pies la energía del suelo y hacer sensible al cerebro de eso que sentía. Para no parecer raro, hacia como que sacaba fotos o pasaba un poco más rápido varias veces por el mismo sitio para disimular. Y es que ¿a quién le vas a explicar lo que estás haciendo?juan5

Para mí fue una gran satisfacción el haber adquirido esta nueva sensibilidad. Poder sentir la energía que emanaba de la tierra a través de mis pies. Así, como ya he dicho, después de San Pantaleón, hallé unas cuevas eremíticas a medio camino de Logroño, en tierras alavesas, y ahí traté de sentir la energía del ambiente en esos lugares, cosa que para lo cual no era yo tan sensible en ese instante, pues me pasó desapercibida.

En Torres del Rio, en la iglesia octogonal, los puntos telúricos abundaban y me fue fácil hallarlos. En Eunate era increíble, me sobrecargue y tuve que dormir por dos horas para descargarme y estar de nuevo en equilibrio y es que ese lugar tiene su aquel.

Poco a poco, siguiendo ruta, me allegué a Santa Cruz de la Seros, el pueblo más cercano al monasterio, donde me albergué en una casa rural, y es que la noche anterior estuve durmiendo en un albergue preparado para los peregrinos del camino de Santiago y apenas si pude descansar, me levante agotado, les sentía demasiado, su cansancio era tremendo, y eran demasiadas presenciaso personas muy cercanas como para dormir a gusto. Así que en la casa rural, yo ya sólo, pude recuperar fuerzas esa noche, antes de subir caminando desde el pueblo hasta el Monasterio de San Juan de la Peña.

El camino de ascenso no era difícil, no tenía ningún plano de la senda a seguir, pero unos lugareños me indicaron por dónde ir. Poco a poco fui ascendiendo por la ladera dejando a mis espaldas el pueblo. Según iba ganando altura podia contemplar los pirineos, las vistajuans eran preciosas. Estaba acostumbrado a caminar, y la subida no fue complicada, además, me permitía descansar y tomar aliento cuando quería mientras contemplaba el paisaje y el pueblo allí abajo. Llevaba puesto toda la ropa de montaña con el equipo de agua y la mochila, y es que el día estaba un tanto inestable. Me planteaba pasar todo el día fuera, comer arriba en el monasterio y a la noche continuar mi viaje camino del Cañón del Rio Lobos, (Soria).

Entremetido entre montañas esta el Monasterio, cuando llego a su umbral, ya puedo sentir las energías femeninas de la tierra poblando el lugar, se perciben de forma diferente, es como si te envolvieran, mientras que los puntos telúricos emanan de un lugar en concreto, las energías de la madre, salen de las profundidades de la gruta.

Por ello pude comprender como aprovecharon las cavidades de la roca para construir el monasterio y de este modo beneficiarse de las energías femeninas que circulan y abundan en dicho lugar, y es que como en tantos otros lugares los eremitas cristianos utilizaron estas cavidades como lugar de introspección personal.
Debajo de un gran peñón, una gran roca se encuentra el monasterio, aprovecha la deformación de los pliegues de la montaña para integrarse con las rocas, se puede distinguir que tiene dos aluras. Allí mismo, a pocos metros,l compré la entrada para visitarlo, la cual incluía en el precio la visita al monasterio nuevo y a la Iglesia de Santa María, ubicada en el pueblo.

Hablar de este lugar es también adentrarnos en los orígenes del reino de Aragón. En cualquier libro de historia podéis leer como se formó este reino. Esta zona pertenecía en tiempos a Sancho el Mayor de Navarra y a su muerte allá por el año 1035, repartió su reino entre sus hijos. Ramiro I, el primogénito heredó el condado de Aragón y cuando muere su hermano Gonzalo, se anexiona las propiedades de éste que son, los condados de Sobrarbe y de Ribagorza, pasando estos a ser parte de Aragón. El carácter conquistador de Ramiro I y de su hijo Sancho Ramírez, hace que se cree un entramado socio económico de abadías, prioratos, y pueblos, siendo su hijo el que establece la capital del reino en Jaca, a donde traslada la sede episcopal e inicia la construcción de una gran catedral. Este núcleo urbano en poco tiempo se hace muy importante dentro del camino de Santiago.

San Juan de la Peña, está situado a unos 20 km de Jaca, ambos en la provincia de Huesca, rodeado de bosques de robles, hayas, abetos y unas vistas maravillosas de los pirineos, un lugar donde puedes encontrar jabalíes, corzos, tejones y quebrantahuesos.

Aunque hay referencias que un primer monasterio construido en el s.X en dicho lugar, fue en el s.XI, cuando es refundado por Sancho el Mayor de Navarra y se le dio su nombre actual. El Monasterio se consagra a la regla de San Benito y le da multitud de privilegios, entre ellos el de cobrar los tributos de las numerosas poblaciones cercanas, lo cual le hace ser uno de los mas importantes centros religiosos de aquel incipiente reino de Aragón. Los propios monarcas deciden pasar en el mosnaterio la semana santa y comienzan sus enterramientos en dicho lugar, convirtiéndose en los próximos siglos en el panteón real del reino. Además, el monasterio es parte del santo camino creado por monjes cluniacenses, la misma orden a la que está adscrito el monasterio, dicho camino empezaba en Roncesvalles y acababa en Santiago. Un hecho que hizo que el cenobio creciera en importancia por el constante paso de peregrinos.

En 1071, el miércoles de ceniza, se celebra en San Juan de la Peña una misa según la liturgia romana, por ello se dejaba de practicar el rito hispánico o mozárabe, integrándose en las formas europeas, y acercándose más al poder de Roma.

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El avance de la reconquista, la creación de otros cenobios, la repoblación de las áreas conquistadas, y el traslado de la capital del reino a Zaragoza, conducen a que en los s.XII y s.XIII, el monasterio entre en decadencia.

Pero volvamos a donde me encuentro, el emplazamiento es sorprendente: se encuentra bajo una enorme roca, como en una gruta, que le ofrece una protección inquietante. Después de fotografiar la fachada y el exterior, me adentré tras las puertas buscando saber de aquel lugar. Al entrar comienzo la visita del nivel inferior donde encuentro la primitiva iglesia mozárabe, dedicada a los santos Julián y Basilisa, la consagración de esta iglesia data del 920. Al encontrarse excavada en la roca y teniendo que adaptarse a ella, no respeta la tradicional orientación canónica de los templos cristianos. De allí paso a la Sala de los Concilios, parece que estaba destinada a albergar los dormitorios de los monjes, es un espacio un tanto húmedo, frio, se pueden apreciar en la pared horadados varios enterramientos, sus zonas iluminadas contrastan con las sombras donde no llega la luz dandole un ambiente un tanto tetrico. Es todo ello hecho en piedra, formado por arcos abovedados. Al cruzar la sala llegas a un corredor hacia la izquierda, por el cual me adentro, subiendo unos pocos escalones y observo los huecos excavados en la pared que llaman mi atención.

Creo que en ese recodo, fue cuando miré en dos ocasiones hacia atrás, para luego seguí caminando hacia adelante por el corredor, lo que no recuerdo es que me hacia volver inquieto la vista hacia atrás. Un poco después llego a la primitiva iglesia mozárabe, esta iglesia superior fue edificada en dos fases: una primera etapa durante el reinado de Sancho el Mayor, de la cual sólo se conserva una pared y una segunda fase promovida por el rey Sancho Ramírez. A su término en el año 1094 fue consagrada, justo en el mismo año en el que muere dicho rey, el cual es enterrado en el panteón de nobles del monasterio. El cual en mi caminar me encuentro poco después. Este panteón no es más que un pequeño espacio al descubierto habilitado entre la iglesia, las celdas monacales convertidas hoy en museo, y el moderno panteón neoclásico. Según paso por el, puedo ver tres hileras superpuestas de enterramientos con sus inscripciones.

El moderno panteón ocupa las dependencias de la antigua sacristía de la iglesia alta. En 1770 fue decorado por Carlos III, en el puedes encontrar los restos de algunos monarcas navarros que reinaron en Aragón, de los primeros condes aragoneses y de los tres reyes iniciales de la dinastía ramirense, Ramiro I, Sancho Ramírez, Pedro I , junto con sus esposas. Este recinto se diferencia de todo el resto del enclave por su decoración neoclásica, más regía, me recordó a El Escorial y a algunos otros panteones que vi por tierras segovianas y otros lares.

Me adentro en el museo para inspeccionar en las vitrinas todo lo expuesto y leer las leyendas asociadas a las piezas expuestas. Al poco rato, salgo de éste espacio y dejando el panteón detrás entro en un espacio abierto, el claustro, es impresionante, muy bello, por su situación, por la memoria histójuan2rica del lugar, es bonito. Al fondo a la izquierda veo una capilla en la que al entrar me encuentro con unos cuadros enormes, es la de San Victorián creo. Al otro lado está la de San Voto más sencilla. No dejo de fotografiar cada columna del claustro, con motivos religiosos esculpidos y muy bellos que narran lo que puedes leer en la biblia, son obra del Maestro Agüero, y ves figuras esculpidas con ojos muy grandes.

Destaca el arco de herradura en el acceso a la iglesia, donde inscrito en mozárabe puedes leer, “Por esta puerta se abre el camino de los cielos a los fieles que unan la fe con el cumplimiento de los mandamientos de Dios”. Así, dejo atrás el claustro para entrar en la iglesia, donde me quedo en la parte posterior esperando que los visitantes se retiren de una curiosa vitrina a la que me acerco y puedo observar una copa repujada en oro y con asas doradas preciosa, etiquetado puedo leer “Santo Grial”, una replica del cáliz expuesto en la catedral de Valencia y que atestigua el paso por este monasterio de tan preciada reliquia.

Un tanto sorprendido, me olvido por completo de buscar los puntos telúricos de la iglesia, cierto es que una parte mi viaje la planifique en base a este objeto, de ahí que visitara San Pantaleón de Losa con su portico especial y único, y quisera haber podido llegar al Valle de Mena para visitar las iglesias de la zona y estudiar la leyenda grialica in situ.

Voy saliendo del monasterio para subir a la llanura superior y visitar el monasterio nuevo de San Juan de la Peña. Es un edificio de grandes dimensiones que se empezó a construir a finales del siglo XVII, después del incendio que en el año 1675 devastó el Real Monasterio. Se encuentra emplazado en un extenso llano, próximo al monasterio antiguo y a una cota más alta que éste. Destaca la fachada barroca de la iglesia, con profusa decoración y de bonita simetría.

Con la misma entrada que compré puedo visitar el museo que queda a un lado y por detrás de este edifico. Ya dentro, los suelos acristalados permiten contemplar las estructuras derruidas del antiguo enclave que conformaban las dependencias, en las cuales han colocado estatuas blancas de los monjes realizando sus labores, además del atrezo, los utensilios y demás enseres que esculpidos en escayola creo, están dispuestos en cada dependencia para dejar claro la utilidad de cada espacio.

Salgo de allí un tanto cansado y me acerco a una zona de bancos de madera junto a los árboles que se abren a la extensa altiplanicie, lugar en el que me siento a recuperar fuerzas y comer. La lluvia era débil, lo cual me hace seguir con mi equipo de humedad puesto y sin ninguna prisa dirigirme un rato después dando un paseo hasta llegar a lo que conocen como el mirador del pirineo. Desde allí puedes ver toda la cordillera, es sencillamente precioso, me llaman la atención mucho dos arboles que quedan un poco abajo a la derecha. Poco después fui descendiendo hacia el pueblo.

Al amparo del Camino de Santiago se desarrollaron núcleos urbanos como Santa Cruz de la Serós fundada por Ramiro I a mediados del siglo XI. En este pueblo, en los siglos XI y XII, entre los muros del Monasterio de Santa María, ya derruido, vivieron las mujeres de la nobleza aragonesa, así como las tres hijas del rey Ramiro I. Hoy de ese monasterio solo queda la iglesia de Santa María, la cual la puedo visitar gracias a la entrada que compré. La bajada es muy vertical y requiere de un frenado constante, la mochila empieza a pesar un poco y las piernas se cansan en exceso.

Poco me da por pensar en ese momento en los peregrinos del camino de Santiago en su vertiente catalana al paso por San Juan de la Peña. Este es el camino cajuan7talán septentrional, la parte del camino de Santiago que desde Montserrat va a Santa Cilia de Jaca, donde se une con el Camino Aragonés, pasando por Huesca y el monasterio de San Juan de la Peña. Un camino seguido en una gran parte por peregrinos medievales que aprovechaban la traza de la calzada romana que unía las ciudades de Ilerda (Lérida) y Osca (Huesca). Los paisajes que te encuentras y las estructuras medievales construidas dan una relevancia especial a este tramo del camino, el cual no es muy conocido.

La bajada al pueblo la realizo por una gran pendiente y me encuentro con dolores musculares enormes al ir acabando el descenso, llego al pueblo bastante cansado, pero aun así, me obligo a visitar la iglesia de Santa María. Es la joya arquitectónica de esta bonita población, una construcción imponente. Muestro mi entrada pero me indican que no se pueden hacer fotos en su interior. Esta vez no podré disimular al caminar con la camara mientras trato de encontrar los puntos telúricos.
Que te voy a contar, esta iglesia tendrá desde ese día un hueco importante en mis recuerdos, pues en ella me aconteció un hecho asombroso, relevante, insolito, el cual me dejará impresionado y se grabara en mi memoria por mucho tiempo.

Me encuentro dentro de la iglesia, he caminado por todo el recinto y he llegado hasta el arco de la derecha, según entras si miras desde la puerta, estoy a un metro y medio de donde termina la pared y se abre el hueco del arco. Estoy mirando hacia el punto medio de la base del arco de la derecha, cuando empiezo a sentir una corriente de energía que asciende por mis piernas, la siento como un chorro de luz blanca.

En unos segundos, todo el cansancio de mis piernas desaparece, todos los dolores musculares se van. ¿Te lo puedes creer? Me encuentro sorprendido.

Tratando de buscar una explicación para la ubicación de ese punto telurico, mirando a la base del arco podría hacerme una idea especulativa, de que en esa pared, antaño, probablemente hubiese una imagen de alguna virgen blanca a la que se acercaban a pedir de rodillas y las personas vivieran milagrosas recuperaciones, profesando por ello más fe en la divina señora. O conjeturando un poco más, que los peregrinos del camino, se postraran a rezar al término de su jornada ante esa imagen y se recuperaran de su caminar, siendo más devotos en la fe que profesaban. En esa especulación, no descarto que sea uno de los puntos en los que los peregrinos iniciáticos que conocían los lugares de reposo y recuperación pararían para recuperarse de la jornada del día. Antes de comenzar frescos y repuestos la siguiente etapa de un camino de Santiago iniciático, en el cual estaban marcados las etapas y los sínodos a visitar con las pruebas a superar.

No me lo podía creer, estaba totalmente recuperado de mi cansancio del día, de hecho las dudas que había tenido acerca de poder continuar mi viaje hacia Soria desaparecieron ante aquella increíble recuperación que viví allí por primera vez y que surgía de las piedras del suelo donde me encontraba.

En el mismo pueblo pude visitar una ermita más pequeña y también de aproximadamente el siglo XI, con su puerta aherrojada permitía distinguir el interior mas no entrar.

Después de lo cual me dirijo a mi alojamiento y con una ducha calentita pongo termino a mi singladura por Santa Cruz de la Seros, continuando mi viaje de descubrimiento por tierras sorianas

Miguel Ángel Miguel Andrés

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