Una Vida con Fe, Una Vida sin Fe

 

fe

Desde mi más tierna infancia me educaron en el catolicismo, fui bautizado, hice la comunión y hasta la confirmación, mi fe era sólida, creía, rezaba, practicaba. Pero no siempre era así, recuerdo que hasta un poco después de hacer la comunión, yo practicaba mucho y aprendía religión, pero una vez hice la comunión, me aleje de toda práctica religiosa, pues entraba en la pubertad, y creo que en esa etapa además de dejar fuera de nuestra vida a nuestros padres e irnos con nuestros amigos, dejamos poco espacio para Dios.
Más adelante, rondando los 18, me ofrecieron poder hacer la confirmación de una forma que requería poco esfuerzo y no más de un año, lo vi bien, pues si me casaba por la iglesia te pedían estar confirmado, así que la hice.
Luego al cabo de tres o cuatro años, estando en mi casa, mientras rezaba un día sentí un algo muy especial, y decidí hacerme cura, quería ser misionero, así que me dirigí a los padres Paules para postular por una plaza. Yo había tenido problemas de salud y los expuse antes de seguir adelante, durante dos años y medio estuve yendo dos y tres tardes a la semana, para prepararme y que en algún momento se aceptara mi candidatura.
En ese tiempo leí muchas lecturas religiosas y vidas de santos y hubo una que me hizo sentir algo muy bello, la biografía de San Juan María Vianney, cada vez estaba más convencido de lo que quería ser. Recuerdo que fue tal mi vocación que deje a la chica con la que salía para dedicarme a Dios en exclusiva.
Yo creo que no me quisieron decir que no desde un principio, y esperaron por ver si se me pasaban las ganas, el caso es que al cabo de dos años y medio, por fin se dan cuenta de que no cedo en mis intenciones, me citan para ver a un responsable, y este echa para atrás mi candidatura.
En aquel tiempo lo que yo sentía es que se me negaba servir a Dios, y unas cuantas cosas más, y durante un tiempo lo pase muy mal, pues un sueño terminaba, me enfade mucho, me irrite, y en pocos meses, deje de practicar y de ir a misa. Si, seguía rezando al acostarme, pero poco a poco se fue apagando esa cotidianeidad religiosa.
Con el tiempo aprendí a relajarme, a meditar, y al inquirir en la filosofía religiosa de otras culturas, como el budismo, tuve paz, y pude poco a poco volver a mirar al catolicismo desde esa paz, pero sin rechazar a un Dios común para todas las religiones. Hoy en día después de tantas meditaciones, tengo un conocimiento propio de la Deidad, una forma de relacionarme con la Creación, muy mía. No suelo practicar ningún culto, pero no por ello dejo de tener esa riqueza en el centro de mi corazón a la que cada cual puede llegar si va hacia dentro de sí mismo.
No cumplí ese sueño de ser misionero, más a delante di gracias pues con mi comprensión de la vida, hubiera sido una cadena para mi muy pesada. Sin embargo a lo largo de mi vida, he servido a muchas personas lo mejor que he podido, y aun hoy en día sigo aprendiendo a servir desde la humildad, sin caer en el servilismo inútil ni en la humillación en el servicio.
Creo que el hombre nació para amar y ser amor, y servir y ser servido, el tiempo pasa ahora, mis quehaceres son otros, pero guardo un grato recuerdo de los tiempos de postulación, y de las personas que vivieron conmigo esas experiencias, fíjate que sin ser sacerdote, pude realizar un viacrucis en semana santa haciendo misiones en un pueblo de Andalucía, sólo por esa y otras vivencias mereció la pena disfrutar de esos momentos.

A.M.

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