Yo y Mi Amor

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Y ya en el quinto mes de este camino que es Alma y Luz, todo indica que hablaremos de amor. Este mes de febrero es por tradición el mes del amor, así que como cada número de revista lleva consigo una determinada vibración, éste, seguro que nos invadirá de esta energía. De amor.
Dedicaremos esta sección, la de salud, a la energía creadora y principal, a esa energía de la que está formado el universo y todo en lo que en él alberga. La energía que nos permite estar en este plano físico, la que nos mantiene saludables y en plena forma, si la sabemos canalizar correctamente. La energía que nos sana y nos llena de esperanza. La que nos enamora y nos devuelve la paz interna. La energía que nos hace fuertes, la que nos llena de sueños y esperanzas, la que nos hace al fin y al cabo, ser humanos. La energía de amor.
Lo contaré según he ido viviendo y sintiendo esto del amor a lo largo de mi vida hasta el momento. Como sanadora energética, como niña, adulta y como llama gemela.
La energía de amor, es la energía que tanto añoramos y que continuamente andamos buscando porque es con ella que nos sentimos bien, y con ella en nuestras manos, caminamos por el sendero de la vida agradeciendo cada momento. Es parte de nosotros, de lo que somos, estamos formados de ella, sin embargo…¿no creéis que buscarla en el exterior es una contradicción, y que por ello nos proporciona sufrimiento y frustración al no hallarla donde, como y cuando esperamos o necesitamos?
La mayoría de nosotros, nos vemos y sentimos incompletos y a expensas a que otro ser nos proporcione aquello que creemos que nos falta. Buscamos el amor fuera de nosotros, sin comprender que el amor ya está en nosotros y forma parte de nuestra energía, y que si queremos, nos proporcionará la seguridad necesaria para crear nuestra vida desde unos cimientos firmes y en libertad de decisión, por lo tanto nos mantendremos con una buena salud, ya que las enfermedades que el ser humano puede padecer, se desarrollan por un bloqueo energético, a causa del dolor y del sufrimiento emocional. De sentirnos prisioneros de nosotros mismos o prisioneros de los demás.

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Toda enfermedad en nosotros tiene de base, de raíz, un dolor emocional. La incomprensión, inseguridad, sentimiento de abandono, frustración, ira, celos, resentimiento, etc. etc. etc. son factores que bloquean nuestra energía de amor, que la ensucian, y que si no son tratados en su psicología estos egos, acabarán manifestándose en enfermedades. Son factores, egos, que se padecen por baja autoestima, por incomprensión y por poco amor hacia nosotros mismos y los demás. Son formas de ser implantadas en la niñez y a lo largo de la vida, aprendidos y/o copiados a través de nuestros mayores, profesores, amigos, por la sociedad, en fin, por todos aquellos que en algún momento nos han servido de espejo o de patrón. Esto hace que vivamos con egos negativos en nuestra personalidad, haciendo que nuestra energía de vida, de amor sano y puro, se bloqueé, se embrutezca y se condense en el órgano o parte del cuerpo correspondiente a esa emoción, una energía negativa como es por ejemplo la de miedo, preocupación, odio, ira, resentimiento, juicio, pre-juicio, vergüenza, etc. etc.
Con la energía del amor sanamos. Vibrando en esta energía nos mantenemos sanos. Ayudamos a sanarnos. Así es Reiki, por ejemplo, la energía del amor universal canalizada para crear una sanación y ayudar con esa creación a transmutar la enfermedad.
Eso es ReikiMadre, variación de reiki que ejerzo y que yo misma canalicé en su momento. Dejamos de ser canales para ser directamente creadores energéticos, trabajadores energéticos, y sanadores energéticos. Gracias al amor, a la conexión del segundo, cuarto y sexto chakra, proporcionaremos el amor correcto y puro para ser manifestado en sanación. Fijaros que grande es esa energía, la del amor, que todo lo puede y nos conecta directamente con nuestro ser real, con el espíritu esencial, con el mismo amor universal. Cuanto más puro sea nuestro amor por nosotros y los demás, más efectiva será la sanación. Cuanto mas transmutemos los egos malos en egos buenos, menos nos costará el estar sanos. Solo tenemos que ser pacientes, comprensivos y amorosos con nosotros mismos.
Así que esto nos llevaría a reconocer que las enfermedades no son tales enfermedades si conseguimos tener un cuerpo emocional y mental equilibrado, si comprendemos e interiorizamos que nuestro amor hacia nosotros mismos y hacia los demás y que nuestra personalidad son totalmente responsables de nuestra salud y hacemos para que vibren en amor y comprensión, es muy probable que no exista enfermedad. Pero eso es algo que Miguel Ángel sabrá expresarlo en su momento más extensamente que yo y con más criterio y sabiduría. (sonrisa)
Con lo expresado hasta el momento ya hemos visto como el amor nos ayuda en nuestro bienestar, nos ayuda a estar sanos y a sanar. Pero el amor es mucho más, y está presente en nosotros y en nuestra vida de muchas formas. Seguiré enumerando las diferentes formas de ofrecer, sentir y vivir el amor a través de mis experiencias.
Siempre fui muy enamoradiza, eso me decían y hasta hace poco aún lo escuchaba decir de mí. ¿Y sabéis?. No lo creo. Cada uno nace con un don, con algo en el alma que destaca de los demás y que te caracteriza, te personaliza y hace de tu alma, un alma si no única, bastante exclusiva en su totalidad.
Nací para amar y amando. Vosotros direis. ¿Cómo todos, no? Pues sí y no. Yo nací para amar, hay quien nace para cantar, bailar, enseñar, edificar, dirigir, hacer pan, la lista es interminable…Yo nací para amar, para sanar, para todo lo que requiere de la herramienta Amor. Pues desde bien pequeña tuve una sensibilidad especial para conectar con el cuerpo emocional, las emociones y el alma. Las emociones mías y las ajenas. Sensibilidad para conectar con mi alma y el alma de los demás. Solo que fue después de muchos años que supe por qué y para qué tenía esa facilidad de contacto y para que fin me serviría, mientras tanto, solo fui una niña que vivía y padecía en silencio sus emociones y que filtraba y absorbía las de los demás, limpiando así a las personas.
Recuerdo que más de una vez dijeron que Marta tenía mucho tesón, que era una niña buena y responsable y que agradecían su compañía. Que no parecía que tuviera la edad que tenía. Sobre todo, por un entonces, sucedía algo muy curioso, aunque me gustaba estar con los niños de mi familia, pues nos reuníamos mucho, y los adoraba. Mis primos y primas siempre se molestaban conmigo porque a mí donde me gustaba estar era con los mayores, en las tertulias de los mayores, escuchando cosas de mayores. Sin opinar, sin juzgar, ni entrometerme, solo los escuchaba. Sentía sus emociones, escuchaba sus preocupaciones, sabía de sus cosas. Las cosas buenas me llenaban de alegría, las negativas, las llegaba a hacer mías y ahora sé que de alguna manera las trasmutaba ayudándoles y desde luego, aprendía mucho de ello. Aunque también las sufría y algunas me llenaban de pena. Los niños no tenían problemas, no tenían penas, todo era jugar y hacer travesuras para pasárselo bien, ahí habían momentos que me aburría. Con los mayores aprendía a saber del amor, de las formas de amar, de los diferentes tipos de amor, aprendía a saber de las personalidades adultas, de lo que les inquietaba, de lo que para ellos al fin y al cabo era importante. Y a mí me encantaba saber de todo eso.amor4
Como sanadora energética y del alma, se nace con ese don, que si no comprendes y trabajas en algún momento de tu vida adulta, puede destruirte. Cuando uno es infante no tiene la capacidad de comprensión, solo vive el momento y lo que te gusta sin saber que pueda tener repercusiones. Pues como ya he dicho, muchas veces resulta que ni las emociones de angustia, miedo, pena e ira son de uno mismo si no de pensamientos y sentimientos de personas ajenas, de energías ajenas que se solapan en nuestros cuerpos energéticos creyéndolas nuestras, y hay que localizarlas, hay que reconocerlas si no queremos padecer por ellas. Y yo las padecía. Somos imanes de transmutación, eso es bello, pero a la vez no es fácil. Con amor, con ese amor incondicional, depuras esas energías, las neutralizas, las haces desaparecer, para que así dejen de molestar y crear bloqueos energéticos que deriven en enfermedad. Esto no se ve, no hay pruebas fehacientes de ello, es un trabajo que se lleva a cabo en silencio o por lo menos yo en gran medida lo vivo así. Y ayudo en la medida que puedo hacerlo, sin pedir nada a cambio. Pero eso como ya he dicho lo aprendería tiempo después gracias a mi camino espiritual y a Reiki, la energía de amor.
Me crié amando incondicionalmente y sufrí por ello, por esa forma de amar, como ya os he comentado. Aunque no era consciente de todo, o no en su totalidad. Todo el mundo no ama de esa manera y no pueden comprender según que cosas, porque mayoritariamente los humanos aman con condiciones, siendo mas un deseo de querer que un amar.

Viví mi adolescencia enamorándome, y por ese amor en mí, me casé y formé familia. Por ese amor me separé y seguí amando desde mi amor. Y desde él continué amando hasta dar con mi llama gemela, para seguir el camino de vida desde el alma. Así que desde ese, mi amor, amo.
Ofrezco mi amor a quién me nace ofrecérselo, sin miedo a ofrecérselo, y si por motivos de personalidad o de la vida decido no seguir ofreciéndoselo, retiro mi amor, sin crearme sufrimiento. ¿Por qué sucede esto? Fácil, porque es mi amor. No son expectativas, ni condiciones, ni esperanzas, ni perspectivas puestas sobre otra persona y tampoco es una responsabilidad volcada sobre ella para hacerme sentir amor o hacerme sentir feliz amando. No. Es mi amor, el mio, el que ama, sin dejar de amar nunca, solo que decido dejar de ofrecerlo porque los caminos se separen llegado el momento y deje de haber contacto entre esa persona y yo. Libremente. Sin crearme un agujero en el pecho por amor y por dolor al no poder amarle, tenerle, quererle para mí. Para mí no es una pérdida, solo un hasta luego, esa persona debe seguir su rumbo al igual que yo el mio, la vendita libertad.
Tampoco exactamente es retirar ese amor, o dejar de ofrecerlo, porque en mi corazón sigue habiendo un hueco para esa persona, si no que bueno, el desapego se hace presente y el amor me lo llevo conmigo. Dejándo mi recuerdo, llevándome el suyo. Y agradeciendo. Y esto es a todos lo niveles que pueda amarse, el amor de fondo es el mismo, solo que a cada persona te nace ofrecerlo de un modo un otro.
Amar así, me facilitó siempre muchas cosas, pero también me dificultó muchas otras. Lógico, esa forma de amar no se lleva, es poco comprendida y muy juzgada, porque desde ojos ignorantes, eso no es amor. Y cuando digo ignorantes, me refiero a aquellos ojos que no viven en mí, ni saben de mí y que por ello ignoran de mí y de mi forma de amar.
El amor no es tan libre, y no vive sin apegos, el amor es sufrimiento y cuanto más sufras más amas. Señores, eso no es amor, es deseo de amar, es un ego enamorado, que si no ama y poseé ese amor, sufre.
Yo crecí sin mi padre, así la vida lo quiso. Viví solo 11 años con él en mi infancia. Digo solo, pero fueron suficientes como para amarle para después perderle, no por muerte, si no porque así él lo eligió. Y fijaros, no dudo ni un momento que me amara, que me ame. Lo que aún no tengo claro si él se quiere y se ama a sí mismo. Así que puede que fuera más fácil para mí amar sin apegos y sin condiciones de amor por este motivo.
Estuve en lucha muchos años porque no quería amarlo, no era justo que yo lo amara pues él no estaba conmigo y desde mi niña herida y abandonada sufría por amarlo. Pero después, a lo largo de los años comprendí que eso era el amor, y que si mi amor vivía en mí, como siempre lo sentí, era imposible dejar de hacerlo hacia él, solo que debía aceptar que no todo lo que se ama se tiene, comprendí, de que el amor es libre y que en esa libertad es donde el amor sigue viviendo.
Ese era y es mi don, el amor. Saber de donde nace mi amor, donde vive, y saber que nunca muere, han sido unas de las cosas que he ido comprendiendo a través de mi vida y mis experiencias, al igual que retirar de mi amor esa capa de ego que como antes apunté vamos adquiriendo a través de los años y las experiencias. Saber que no soy salvadora y que las personas son dueñas de su sufrimiento por amor, también me costó comprenderlo.
No me gustaba ver y sentir a nadie sufriendo y menos si lo hacían por mí, así que si yo podía aportar menos sufrimiento a alguien aunque tuviera que renunciar a mi misma, lo hacía, no dando oportunidad a esas personas a que sufrieran bajo su responsabilidad, porque sus sufrimientos venían de sus personalidades y de sus miedos e inseguridades, hasta de sus manipulaciones conscientes e inconscientes, por amor. Pero conseguí poco a poco desprenderme de la culpabilidad para que mi amor fuera aún más puro, sobre todo por mí, comprendiendo esto para amar aún mejor. Al final de cuentas yo no era culpable del sufrimiento ajeno, podía ayudar hasta cierto punto, pero no dejar de ser yo, por otra persona. Tampoco dejar de tener criterio propio y sobre todo debía reeducarme, trasmutar el ego en lo que yo creía correcto, pues me costó casi un desequilibrio psicológico ir en contra de mí, en nombre del amor. El amor no es complacencia, tampoco es sacrificio, ni tampoco es apego.amor5
También tuve algo claro siempre, el amor para mi alma existía. Mi alma gemela existía, yo la sentía en mí, sentía ese amor en mí. Siempre fue así. Aunque yo me diera la oportunidad de vivir otras experiencias, de hacer mi vida, de tener a mis hijos y de reeducarme, trabajar mis egos, y comprender esta forma de amar que digo me caracteriza al igual que la sensibilidad que tengo con respecto a las emociones ajenas, sabía que ese amor especial que yo sentía por esa persona, por ese alma, que aún en esta vida no había conocido, existía y daría con ella.
Lo más fuerte fue cuando ya no pude ir más en contra de mi alma, de mi amor, de mí. Vivía completamente atormentada y lo acallaba con el tabaco, fumaba mucho a consecuencia de no darle libertad al alma y vivir desde ella. Por mucho camino espiritual que había recorrido, por mucha comprensión sobre ello, sobre la evolución personal e interior, si no daba el paso definitivo para darme la oportunidad como persona y mujer independiente, fuera de todo apego y todo ego, y no tomaba la decisión de separarme definitivamente, viviría en la sombra toda mi vida. Era como mantenerme prisionera y eso me asfixiaba en muchos momentos. Mi amor por mi marido no era ya un amor para seguir viviendo en pareja con él, ya no mirábamos en la misma dirección.
Cuando comuniqué a mi madre y a mi tía, que me separaba porque debía hallar a mi alma gemela. ¡Uf!, imaginar. Alguien que casi cae psicológicamente, alguien tan rarito como yo me había hecho ver a los ojos de los míos, que dejara su matrimonio porque debía encontrar a alguien que amaba sin aún conocerlo. (carcajada). ¡A Marta se le ha ido la cabeza!. -Esta chica sigue teniendo el amor idealizado, ¿qué quiere de la vida? ¿Cómo va ella a sacar adelante a sus tres hijos sola? Eso me pareció escuchar en su interior, no tengo pruebas pero desde luego que solo se lo dije a ellas, a veces la sinceridad es tu mayor prisionera, y yo opté por callar. Pero debía separarme. Solo el que está en el camino interior y en el camino del despierto puede entender lo que estoy diciendo. A ojos tapados por egos, prejuicios y miedos, esto es imposible de ver ni de entender. Yo había elegido caminar desde el alma.
Lo cierto es que si yo me hubiera guiado por mi mente, hubiera caído enferma de pena, azúcar con el tiempo, úlcera, tal vez, ¡qué se yo!. Debía hacerlo, ser fuerte y confiar en mí. Yo era capaz de hacerlo, no necesitaba una relación, ni a un hombre, en este caso, el padre de mis hijos como flotador, debía ser honesta con él y conmigo en primera persona, iba a apostar por mi salud, por el amor que sentía en mi pecho y porque me quería y respetaba. Además, debía mostrarle a mis hijos que por encima de todo debían ser personas libres y honestas. Capaces de vivir en consecuencia con ellos desde el amor y la verdad.
Pasó tiempo, muchas experiencias viví hasta dar con Miguel Ángel, pero el amor que sentí por él cada vez era mayor aún sin ponerle rostro.
Un día fui a una conferencia que me aconsejaron personas conocidas. Era una conferencia de reconexión energética. Por sueños, visiones, cartas de tarot y amistades, todo parecía indicar que allí podía encontrarme con esa persona largamente añorada. Fui, me acomodé, y de pronto vi aparecer a Miguel Ángel, él hablaría sobre los elementales, tema que por un entonces estaba estudiando y que me serviría de mucho para mi terapia de ReikiMadre.
Una de las predicciones era que mi alma gemela trabajaría en el mundo espiritual y que estaba muy conectado a la naturaleza, trabajaba con las energías de Gaia, era alto y con barba. (sonrisa). Miguel comenzó a exponer el tema que iba a tratar, su voz vibraba en mi pecho, me acariciaba la piel y el alma, fueron sensaciones realmente estremecedoras y, ¡solo lo estaba escuchando!, tan solo con su tono de voz me despeinaba el alma. Cuando terminó la charla, todos nos saludamos, me acerqué a él, me miró clavando sus ojos en los míos y cogiéndome de las manos me dijo -No dejes de brillar-. ¡Dios!, no puedo explicar lo que sentí, sus ojos eran perfectamente iguales a los ojos que yo había soñado meses atrás, melena, barba, muy alto. Lo había encontrado, mi pecho ardía en fuego ¿pero él no podía reconocerme?, ¿qué estaba sucediendo?
Fuimos a comer todo el grupo a un Restaurante-Pizzería de Tarragona, pasamos un buen rato de risas y distracciones. Él era de Madrid y pensé que nunca más volvería a verlo. Yo, no podía decirle nada sobre nosotros. Conocía de almas y jamás le diría que yo era su gemela si él no movía ficha, además él por un entonces, creía a ciencia cierta que su alma gemela era una chica de Tarragona y apostaba por ello.
Cuando decides caminar por el camino de almas conscientemente sabes que amas por encima de todo, es un amor tan sumamente profundo y respetuoso, que ahí no existen deseos ni egos capaces de perturbar el camino de crecimiento de tu alma compañera. Si él no me había reconocido, era, porque aún para su personalidad no era el momento. Debía vivir un poco más de experiencias y quizás nunca despertaría ante ello, pero yo estaba dispuesta a esperar ese momento y si no llegaba, mi vida seguiría el camino que yo eligiera. Yo estaba en lo cierto y nunca lo dudé.amor6
A las pocas semanas, le mandé invitación de facebook, amablemente me respondió y de ahí surgió una muy bonita amistad. Además de que él sería mi Maestro en Alquimia de la Personalidad y yo su Maestra de ReikiMadre. Lo cierto es que no podía elegir un mejor Maestro para seguir trabajando mi personalidad que Miguel Ángel, y no lo digo porque fuera y sea mi alma gemela, si no porque así es. Miguel conoce a la perfección como trabaja la mente y lo que la mente puede y no puede hacer en nosotros estando en equilibrio y desequilibrio.
Pero antes de ello, tuvimos otro encuentro de grupo en la montaña de Montserrat, donde renuncié postrada bajo una de las cruces de aquel lugar a ella, a mi alma compañera a través de las existencias, a mi llama gemela, a mi otro igual. Dolía a morir, aquella renuncia de amor, dolía a morir. Él me preguntó por qué lloraba y yo le contesté, por amor, acabo de renunciar a mi alma y al camino del alma. Me abrazó (sonrisa), ¿que cosas, no? Aquello se quedó allí, cada uno volvió a su vida cotidiana. Mi amor seguiría en mi pecho, pues quise arrancarlo ese día y me provocaba dolor y decidí que si él era mi alma gemela y dios me había concedido sentir ese amor en mi pecho y en mi alma desde siempre, ahí se quedaría, nada lo perturbaría, y sería guardado como oro en paño en el cofre de mi ser. Ahí lo guardé haciéndole comprender, que lo que tuviera que ser sería.
De nuevo el amor como podéis ver está presente, y es libre, no hay sufrimiento. Lo que nos hace sufrir es la personalidad, si nos dejamos llevar por el deseo y el querer.
Seguí viviendo, seguí en contacto con él, hasta que un día se terminó. Lo borré y bloqueé de todo chat, del teléfono, de todo lo que pudiera comunicarme con él. (Como si hiciera falta un chat, jejeje) O lo olvidaba y lo borraba de mi vida o hablaba, así que decidí borrarlo, no podía faltar a mi alma, debía callar. Él debía venir hasta mí, si él venía por su propia voluntad no había manipulación, ni conjeturas, solo su alma y la mía. Él debía escuchar la voz del alma.
Pasaron muchos meses sin saber el uno del otro. Yo comencé una relación un tanto complicada, pero que me hizo poner en duda mi amor de alma en algún momento. Aunque lo cierto es que yo sentía a Miguel pensar en mí, sentía como su alma venía a verme, sentía su estado de confusión del por qué de mi silencio. Sentía que al hacer el amor con mi pareja, en muchos momentos me parecía él, era muy extraño, ¿cómo podía ser eso, si nunca antes había tenido relaciones con Miguel? Pero me negaba a volver atrás, estaba decidida. No quería saber de mi pasado, todo era mirar hacia delante. Él nunca despertaría. Alguien soltero, sin un compromiso firme. Yo, separada, con tres hijos. Era una locura.
Mi relación no llegaba a nada, pero me mantenía ahí, esperando a que esa persona se decidiera a dar un paso, algo me decía que no iba a darlo finalmente. Era el paso definitivo que faltaba para ser una pareja oficial. Le había entregado mi amor, lo amaba.
Un día escucho llegar un sms al móvil, me dio un vuelco el corazón, algo me decía que era Miguel, porque el alma se me erizó, como si alguien se hubiera acercado de pronto. Lo abrí, abrí el sms, era por el único medio que podía escribirme, ¡no sé como no se le ocurrió antes! (sonrisa) y efectivamente, ¿quién podía irrumpir en mí de esa manera, con tanta fuerza energética si no él?
Me buscaba, se había dado cuenta, había despertado ante lo que yo era para él. Me quedé atónita, el pecho se me salía, ¡¿cómo podía ser Dios mio?! Ahora no, ya era tarde, yo tenía una relación, había renunciado a su amor, al mío propio de alma, hasta me había hecho a la idea que mi alma gemela podía ser mi actual pareja, era muy afín, mucho. Y estaba apunto de dar el último paso, o no, ¿quién sabe?. No contesté, no quería hablar con él, en el fondo me daba miedo volver a despertar y abrir ese cofre.
Él insistía, yo lo sentía cerca, a todas horas, creo que lo sentí llorar varias veces. Me pidió por favor muchas veces que le contestara. No lo hacía. Así estuvimos varias semanas, hasta que un día, ya no pude más, mi alma debía decirle algo que tenía guardado. Sentí que si no le hablaba se presentaría en mi casa tarde o temprano. Su alma me lo decía.
Lo desbloqueé para hablar con él, para poner todo en su sitio. Sí, admití que era mi gemela, pero yo estaba apunto de rehacer mi vida con otra persona a la que amaba, y lo nuestro no podía ser. (sonrisa), ¿en contra del alma? (carcajada). ¿Para qué entonces había caminado toda mi vida hasta llegar a ese punto con ese amor en mi pecho? ¿Iba a decidir no vivir el camino del alma?¿De nuevo todo lo aprendido y hallado no servía? No, rotundamente, no. Era mi llama gemela, jamás iría en contra de ella, ni de mí. Ahora no, ni nunca más. Así que me dejé llevar por la corriente del amor del alma, sin mente. Fui sincera con quien tuve que ser sincera en el momento que tuve que ser sincera y abracé a Miguel para siempre jamás.
Sin entrar en detalles que hay miles de ellos y algún día contaremos o iremos contando por dosis en otros ejemplares, puedo deciros que el amor de almas vivido en conciencia, es la magia presente en cada segundo del día. No se puede explicar con palabras, el amor del alma es para vivirlo, para sentirlo. La conexión mental que se puede tener, la conexión de alma y espíritu, la de cuerpo, la conexión total que se puede tener, es fuera de lo normal. Por eso quien no esté viviendo desde este punto de conciencia con su alma gemela, no puede hacerse una idea.
Y aquí es donde te das cuenta que el amor es salud. Que si no amas, duele a morir y que enfermas por no amar. Así que dejar a un lado los egos, miedos, juicios y prejuicios. Dejar a un lado el frío del odio y la guerra, y vivir al calor de la paz de vuestro pecho enamorado y lleno de amor. Pues la salud la creas tú.
Feliz San Valentín

El tesoro por excelencia de esta vida y de otras es el amor.

Marta Aguilar Rosiña

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